Aranceles: El mito de la “edad de oro” y del retorno del empleo industrial | Parte IV

Una de las justificaciones más frecuentes para imponer aranceles es la idea de que estos traerán de vuelta los “buenos empleos” industriales que, en el pasado, permitieron a muchas familias estadounidenses alcanzar un nivel de vida confortable. Usted habrá escuchado políticos asegurar que, si se encarecen los productos importados, las fábricas nacionales resurgirán y volverán los empleos bien pagados de antes. Pero, ¿qué tan cierto es esto en la economía actual? Vamos a analizarlo con números y ejemplos sencillos.

 El empleo manufacturero ayer y hoy

Imaginemos que usted vive en una ciudad donde, hace 50 años, una gran fábrica empleaba a 2,000 personas fabricando electrodomésticos. En esa época la mayor parte de los productos que usaba usted y sus vecinos eran hechos en Estados Unidos. Los empleos en la fábrica eran bien pagados, con beneficios, y permitían mantener a una familia.

Con el paso de las décadas, muchas de esas fábricas cerraron o redujeron personal. Ahora, los electrodomésticos, la ropa y hasta los juguetes suelen venir de países como China, México o Bangladesh, donde producir cuesta menos. Tal vez la vieja fábrica de su ciudad hoy emplea a 400 personas, y muchos de los trabajos que allí quedan requieren operar máquinas automáticas o tener conocimientos de informática.

 ¿Por qué desaparecieron tantos empleos industriales?

Hay dos razones principales:

1. Globalización: Empresas estadounidenses trasladaron parte de su producción a países donde los salarios y costos son más bajos. Así, pueden vender productos más baratos en Estados Unidos y competir con otras marcas internacionales.

2. Automatización: Las fábricas modernas usan robots y maquinaria avanzada. Donde antes 100 personas ensamblaban televisores, ahora tal vez solo hacen falta 10 técnicos especializados para supervisar las máquinas.

 ¿Puede un arancel revertir esta tendencia?

Suponga que el gobierno decide poner un arancel del 25% a los electrodomésticos importados. Ahora, una licuadora que costaba $40 pasa a costar $50 en la tienda. ¿Qué ocurre?

— Algunas personas dejarán de comprar licuadoras (o comprarán menos).

— Otras buscarán marcas fabricadas en EE. UU., aunque sean más caras.

— Tal vez algunos empresarios nacionales piensen en volver a producir licuadoras en el país.

Pero, ¿cuántos empleos se crean realmente? Si fabricar en EE. UU. sigue siendo más caro (por salarios, energía, regulaciones), los empresarios solo abrirán fábricas si pueden vender los productos a precios más altos. Además, las fábricas nuevas seguro serán mucho más automatizadas, usando robots y menos mano de obra.

 Ejemplo numérico:

Imaginemos que, tras el arancel, vuelven a abrir cinco pequeñas fábricas de licuadoras en el país. Cada una emplea a 50 personas, para un total de 250 empleos nuevos. Antes, se importaban 500,000 licuadoras al año; ahora, se importan solo 300,000 y se fabrican 200,000 localmente.

Pero las 250 personas que consiguen empleo son una minoría comparado con los millones de consumidores que ahora deben pagar $10 más por cada licuadora. Si usted, su familia y sus vecinos compran en total 500,000 licuadoras al año, están pagando $5 millones extra solo en ese producto. Divida ese sobrecosto entre los 250 nuevos empleos, y verá que el costo por empleo “recuperado” es de $20,000 al año solo en ese producto.

Además, muchos de los nuevos empleos pueden no ser tan bien pagados ni tan seguros como los de antes. La competencia global y la automatización hacen que los salarios se mantengan moderados y los contratos sean menos estables.

 ¿Qué ocurre con los productos más complejos?

Piense en los teléfonos celulares o computadoras. Producir estos bienes requiere componentes de todo el mundo, y ensamblarlos en Estados Unidos sería mucho más caro. Si usted pusiera un arancel alto a los celulares importados, el precio podría duplicarse y, aun así, sería muy difícil que una empresa local decidiera fabricar teléfonos desde cero.

Además, fabricar en Estados Unidos un celular podría costar $1,000 cuando un modelo importado vale $400. Usted y la mayoría de los consumidores probablemente elegirían no comprarlo o usarían su teléfono viejo por más tiempo, lo que tampoco genera más empleo.

 El “efecto rebote” y el círculo vicioso

No hay que olvidar que muchos empleos dependen de la venta de productos importados: transporte, logística, ventas al por menor, reparación. Si caen las ventas por el alza de precios, estas actividades también sufren. Si usted trabaja en una tienda y las ventas bajan porque los productos importados se encarecieron, su puesto podría estar en peligro.

Además, si otros países responden con aranceles a productos estadounidenses, los trabajadores de exportadoras nacionales pueden perder su empleo. Por ejemplo, si usted trabaja en una fábrica de maquinaria agrícola que vende tractores a México, y México pone un arancel, su empresa puede perder ventas y tener que despedir personal.

 La historia de la “prima manufacturera”

Quizás usted haya oído que los empleos en la industria manufacturera pagan más. Es cierto que, en el pasado, los trabajadores industriales ganaban salarios más altos que el promedio nacional. Sin embargo, esto se debía en gran parte a la fortaleza de los sindicatos y a las condiciones del mercado en ese momento. Hoy, la diferencia salarial (“prima manufacturera”) es mucho menor o prácticamente inexistente en muchos sectores.

Por ejemplo, si el salario promedio nacional es de $3,000 mensuales y el industrial es de $3,300, la prima es de solo un 10%. Si solo se crean unos pocos miles de empleos adicionales con aranceles, el efecto en el salario promedio nacional es mínimo.

 Un ejemplo numérico global

Suponga que, como resultado de los aranceles, el empleo manufacturero en todo el país crece un 2%, lo que representa 200,000 empleos nuevos. Si hay 160 millones de personas empleadas en total, este aumento es solo del 0.125%. Si el salario promedio sube un 0.1% por el “empuje” de la industria, pero el costo de vida sube un 2% debido a los aranceles, la mayoría de la población sale perdiendo.

 El costo real para usted

Al final, los aranceles prometen mucho y cumplen poco. Usted, como consumidor, paga más por productos de todo tipo. Puede que se creen algunos empleos en fábricas, pero el costo por empleo generado es altísimo y el beneficio para la economía nacional es muy pequeño. Además, el impacto negativo se multiplica cuando se cuentan los empleos perdidos en otros sectores y el alza general del costo de vida.

 Conclusión práctica

La idea de que los aranceles harán volver los buenos empleos industriales es, en la actualidad, una ilusión. El mundo ha cambiado: la tecnología y la globalización han transformado la manera en que se produce y se consume. Apostar por los aranceles como solución es, en realidad, una trampa que hace que usted y millones de consumidores paguen más, sin que se logren los beneficios prometidos.

...continúa en dos días