Aranceles: Impuesto regresivo: carga sobre los más vulnerables | Parte II

Ahora que usted ha visto que el arancel termina siendo pagado por el consumidor final, es importante entender quiénes sufren más con este tipo de impuestos. No todas las personas en la economía gastan la misma proporción de sus ingresos en productos gravados por los aranceles. Aquí entra el concepto de “impuesto regresivo”.

Un impuesto regresivo es aquel que, aunque se aplica a todos por igual, afecta proporcionalmente más a quienes menos tienen. Es decir, si usted gana poco y debe gastar una gran parte de su salario en productos básicos, cualquier aumento en el precio de esos productos le perjudica mucho más que a alguien que gana mucho y gasta una fracción menor de su ingreso en esos mismos productos.

Por ejemplo, piense en una familia que gana $1,000 al mes, de los cuales $400 van destinados a alimentos y ropa, productos muchas veces importados y sujetos a aranceles. Si un arancel hace que el precio de estos productos suba un 10%, ahora esa familia debe gastar $440 en vez de $400, lo que representa el 44% de su ingreso. En cambio, si una familia con ingresos de $5,000 mensuales también gasta $400 en estos productos, ese aumento representa apenas el 8,8% de su ingreso, un impacto mucho menor.

Suponga que el gobierno decide aplicar un arancel que encarece la canasta básica. Para la familia de menores ingresos, esto puede significar tener que dejar de comprar otras cosas importantes, como medicinas o pagar parte del alquiler. Para la familia más acomodada, ese aumento apenas se nota y no afecta sus hábitos de consumo.

Imaginemos otra situación. Usted y su vecino compran el mismo tipo de arroz importado. Con el arancel, el paquete de arroz sube de $2 a $2.20. Si usted compra 20 paquetes al mes, son $4 adicionales. Puede parecer poco, pero si su presupuesto es muy ajustado, esos $4 pueden ser la diferencia entre llegar o no al final del mes. Para su vecino, que gana cinco veces más, ni siquiera lo notará.

Multiplique este efecto por cientos de productos de consumo diario: ropa, calzado, artículos escolares, pequeños electrodomésticos. Todos suben de precio, y el impacto se siente mucho más en quienes tienen ingresos bajos o medios.

Si usted es estudiante o trabajador con salario mínimo, lo más probable es que dedique la mayor parte de su ingreso a bienes de consumo básico. Los aranceles hacen que el porcentaje de su ingreso que va a parar al gobierno (indirectamente) sea mucho mayor que el de una persona adinerada, que gasta más en servicios, ahorros o bienes de lujo (que muchas veces no están sujetos a aranceles).

Por eso, aunque el arancel sea “parejo” en la etiqueta, en la práctica es profundamente injusto: los que menos tienen pagan, proporcionalmente, más. Esto aumenta la desigualdad y hace que la vida sea más difícil para quien ya tiene poco margen de maniobra.

Ejemplo numérico concreto:

Suponga que en una ciudad hay dos familias:

— Familia A: ingreso mensual de $1,000. Gasta $600 en alimentos, ropa y artículos importados.

— Familia B: ingreso mensual de $5,000. Gasta $900 en los mismos productos.

Si un arancel provoca un alza del 10% en estos bienes:

— Familia A ahora gasta $660 (el 66% de su ingreso).

— Familia B ahora gasta $990 (el 19,8% de su ingreso).

La familia A ve reducida su capacidad de ahorro o gasto en otras áreas mucho más que la familia B.

En resumen, los aranceles funcionan como un impuesto silencioso y regresivo, que castiga sobre todo a los más vulnerables.

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