Aranceles: lucha de clases contra la clase media y los pobres | Parte VI

Después de analizar cómo funcionan los aranceles, quién los paga, a quién benefician y a quién perjudican, usted podrá darse cuenta de que la política arancelaria no es solo una cuestión técnica sobre comercio internacional. En realidad, los aranceles, tal como se están aplicando en Estados Unidos, son una herramienta de redistribución de la riqueza, pero no en el sentido tradicional de ayudar a los más necesitados. Más bien, son una forma de transferir recursos desde la mayoría de la población –especialmente la clase media y los pobres– hacia los sectores más ricos y poderosos. Este proceso, aunque no siempre es evidente, representa una verdadera lucha de clases, pero con la clase acomodada a la ofensiva y ganando terreno.

 El mecanismo silencioso de la transferencia

A lo largo de este reportaje, usted ha visto con ejemplos numéricos cómo los aranceles encarecen los productos que usted compra todos los días. Ese encarecimiento es, en la práctica, un impuesto que sale de su bolsillo y del de millones de personas como usted. Cuando el gobierno, al mismo tiempo, reduce impuestos a los más ricos o recorta servicios públicos esenciales, el efecto combinado es brutal: los recursos que antes servían para financiar escuelas, hospitales, carreteras o programas sociales, ahora terminan en manos de quienes menos lo necesitan.

Piense en este ciclo: usted paga más por ropa, alimentos, electrodomésticos y automóviles debido a los aranceles. Ese dinero extra va a las arcas del gobierno o, en parte, a algunos productores nacionales. Pero si el gobierno reduce impuestos a las grandes fortunas o empresas, esos fondos dejan de utilizarse en servicios para todos y benefician solo a una minoría. Así, el dinero fluye de abajo hacia arriba.

 El efecto acumulativo en la vida cotidiana

Imaginemos que, por efecto de los aranceles, usted gasta $50 más al mes en su canasta básica y otras compras. Eso son $600 al año. Ahora, multiplique eso por 100 millones de hogares: el resultado es una transferencia de $60,000 millones de dólares anuales. Si, paralelamente, el gobierno reduce impuestos a los más ricos en esa misma cantidad, tenemos una transferencia directa de la mayoría al pequeño grupo que concentra la riqueza.

¿Cuál es el resultado? Usted tiene menos dinero para ahorrar, invertir en educación, pagar un seguro médico o enfrentar una emergencia. Mientras tanto, quienes ya tenían mucho, ven aumentar sus ingresos y oportunidades, ya sea comprando más propiedades, invirtiendo en bolsa, o pagando educación privada de élite para sus hijos.

 ¿Y los empleos prometidos?

A lo largo de este análisis quedó claro que los empleos industriales que supuestamente regresarían gracias a los aranceles son pocos, costosos y no tan bien remunerados como en el pasado. Por cada empleo “recuperado” en una fábrica, millones de consumidores pagan más por los productos, y otros empleos se pierden en comercios, transporte, exportaciones y servicios relacionados. El círculo virtuoso de “más empleos, más consumo, más bienestar” nunca se activa; al contrario, el consumo se restringe y la economía se enfría.

 El impacto en los servicios públicos

Cuando los ingresos del gobierno dependen más de impuestos regresivos como los aranceles, y menos de impuestos progresivos, la calidad de los servicios públicos suele deteriorarse. Si usted depende de la escuela pública para sus hijos, del hospital público o de subsidios para vivienda o alimentos, sufrirá el doble: paga más por sus compras y recibe menos apoyo del Estado.

En cambio, quienes pueden costear servicios privados –educación, salud, seguridad– simplemente dan la espalda al deterioro de lo público. Así, la brecha social y económica se agranda cada año.

 La ilusión del “castigo al extranjero”

Mucha gente apoya los aranceles porque cree que “castigan” a los países extranjeros y protegen la economía nacional. Pero como hemos visto, el verdadero pagador es usted. Los productores extranjeros pueden perder algo de mercado, pero rara vez bajan sus precios para compensar el arancel. Si usted deja de comprar un producto importado por caro, probablemente tampoco lo sustituya por uno nacional – simplemente no lo compra. Y si lo compra, es a un precio mayor.

Los grandes ganadores, en este entorno, no son los trabajadores estadounidenses ni los pequeños empresarios, sino los dueños de empresas protegidas, los grandes accionistas y quienes se benefician de recortes fiscales. Los perdedores son los consumidores, la clase media, los pobres y quienes dependen de servicios públicos.

 El futuro: mayor desigualdad y menos movilidad

A medida que los aranceles y otras políticas regresivas se acumulan, la desigualdad se profundiza. Usted puede notar que cada vez es más difícil “salir adelante” o que sus hijos tengan mejores oportunidades. Los ricos, por su parte, ven crecer su fortuna y su influencia política, lo que les permite impulsar leyes que refuerzan aún más este ciclo.

Las estadísticas lo confirman: en los últimos años, la concentración de la riqueza en manos del 1% más rico ha alcanzado niveles no vistos en casi un siglo. Mientras tanto, el salario real de la mayoría se estanca o cae, y los servicios públicos se deterioran.

 ¿Qué alternativas existen?

Un sistema fiscal verdaderamente progresivo recauda más de quienes más pueden aportar, y utiliza esos recursos para financiar servicios y oportunidades para todos. Los aranceles pueden usarse de manera selectiva para proteger industrias estratégicas, o en situaciones puntuales, pero no como base de la política fiscal o motor de la economía.

Si usted quiere una sociedad más justa, con más oportunidades para todos, debe exigir políticas públicas que prioricen la equidad, la inversión en educación, salud y tecnología, y la protección del consumo de las familias. Eso implica rechazar las falsas soluciones de los aranceles generalizados y exigir impuestos justos y servicios de calidad.

 En resumen

La guerra comercial basada en aranceles, lejos de ser una defensa del trabajo nacional, es una lucha de clases disfrazada, donde la clase más rica utiliza el poder del Estado para proteger y aumentar su fortuna a costa de la mayoría. Usted, como consumidor y ciudadano, es quien paga la cuenta, directa e indirectamente. Por eso, es esencial entender el verdadero impacto de estas políticas y demandar un cambio hacia un modelo más justo y sostenible.