Cuando la anarquía no es rebeldía, sino creación

Oky Argüello
Oky Arguello es una escritora centroamericana radicada en España. Es autora del bestseller El Coleccionista y de otros libros de poesía y cuento. Formación académica: Doctorado en Psicología, Grados y másteres universitarios multidisciplinarios.

¿Y si la alternativa no es negro o blanco? 
¿Ni rojo ni azul? 
¿Ni este partido, ni aquel sistema, ni ese nuevo disfraz con nombre tecnológico? 
¿Y si lo que viene no cabe en ninguna de las cajas que heredamos?

Tal vez no se trate de destruir el orden, sino de recordar la vida antes de que el orden lo olvide todo.

Porque la otra opción es la cordura del sistema… 
…esa que justifica bombas, hambre y plástico en el mar. 
La que dice que todo está bajo control, mientras se derriten los glaciares. 
La que decide que los niños sin papeles no son niños. 
La que mide el progreso por el número de pantallas, no por la superficie de tierra fértil.

¿Qué tal elegir otra cordura? 
La de cuidar lo vivo. 
La de proteger al que no produce, pero florece. 
La de no necesitar enemigos para saberse fuerte.

La palabra anarquía fue secuestrada. 
La convirtieron en sinónimo de caos, violencia o destrucción. 
Pero si quitamos el polvo ideológico, anarquía es, simplemente, no aceptar un poder impuesto desde fuera que niega lo esencial desde dentro.

Anarquía es la abuela que siembra sin permiso del ministerio. 
Es el maestro que enseña a pensar, no a obedecer. 
Es la mujer que se niega a pedir perdón por existir. 
Es el joven que prefiere crear comunidad antes que competir por un lugar en el mercado.

No es una ideología. Es una ética encarnada. 
Y cuando esa ética se expresa, no grita. Crea. 
No destruye. Regenera. 
No manda. Escucha.

No se trata de tomar el poder. 
Se trata de no reproducirlo. 
De fundar otras formas, otras redes, otros vínculos. 
Donde no se gobierna, se cuida. 
Donde no se legisla, se acuerda. 
Donde no se explota, se comparte.

No es utopía. Es práctica invisible. 
Está ocurriendo en comunidades, en escuelas alternativas, en colectivos que no hacen ruido pero sostienen.

Y es urgente contarlo. 
Porque el relato dominante solo nos ofrece dos caminos: someterse o incendiarlo todo. 
Pero hay un tercero.

La anarquía que cultiva. 
La que no quiere tronos, ni banderas, ni himnos… 
…sino árboles.

Desde mi balcón, no veo el futuro en las capitales. 
Lo veo en los huertos. 
En las redes de afecto. 
En los libros que no enseñan a ganar, sino a comprender. 
En la tecnología que no espía, sino que sirve a lo vivo.

Y si algún día alguien pregunta por el país que habitamos, no daremos una frontera. 
Daremos un gesto. 
Un código de ética. 
Una forma de mirar.

Y quizás entonces, ese país sin mapa tenga nombre. 
Quizás lo llamemos Auroria. 
O quizás no haga falta llamarlo.

Porque la verdadera revolución no será televisada… ni gobernada. Será sembrada.


Oky Argüello