El verso en Darío

Los contemporáneos detractores de Rubén Darío (1867 – 1916), jóvenes y no tan jóvenes que lo tildan de cursi, antifilosófico y aburrido tal vez ignoran que aun en su página más triste, en la más leve o en la más desesperada siempre fue un prodigio de versificación.

No existe en toda nuestra poesía un desenfadado ingenio a la hora de ritmar (y rimar) cualquier idea: la fiesta galante, el dolor de vivir, el amor a la patria, el indio heroico, la imagen bucólica, el erotismo, etcétera.

El poeta mexicano José Emilio Pacheco acertó (1939 – 2014): «A Darío le falló todo en la vida menos el ritmo y la armonía. Tuvo el mejor oído de la poesía castellana en su historia entera».

Roberto Carlos Pérez

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