En busca de sentido
Como Viktor Frankl, busco el sentido detrás de las decisiones que nos gobiernan. Esta semana no es fácil de descifrar: crueldad y absurdo se mezclan en un escenario global que parece pueril, tribal y peligrosamente primitivo.
La paz que excluye
Un plan que niega la existencia de un Estado palestino empuja la esperanza a la intemperie. Cuando la dignidad de un pueblo se omite, la paz se convierte en espejismo.
Los generales interpelados
En EE.UU., altos mandos fueron convocados a escuchar agravios y a considerar la idea de usar armas contra ciudades propias. La línea invisible entre seguridad y autoritarismo se convirtió, de pronto, en uniforme y rifle.
La palabra que no se debe banalizar
“Guerra nuclear” se pronuncia con liviandad, como si no nombrara el fin de millones de vidas. Cada vez que se usa sin temblor, perdemos una capa de protección ética que nos ha salvado hasta ahora.
Gobiernos cerrados, vidas abiertas
En la parálisis política, millones pierden acceso a servicios de salud. No es una metáfora: son enfermos, niños, ancianos que esperan atención mientras los despachos se enredan en cálculos partidarios.
El cansancio de la guerra crónica
En Ucrania y otros frentes, la humanidad empieza a acostumbrarse al goteo del sufrimiento. Lo cotidiano anestesia lo insoportable.
No es necesario dar todas las respuestas. Pero sí podemos elegir mirar más allá de la costumbre. Preguntarnos, en cada ámbito, qué sentido tiene lo que vemos, qué consecuencias trae y qué responsabilidad personal despierta.
Tal vez la resistencia más noble sea negarse a aceptar la barbarie como normal. Tal vez el sentido esté en lo sencillo: cuidar la vida antes que los proyectos, escuchar antes que imponer, sanar antes que dividir.
En un mundo que parece haber olvidado la brújula, la suma de conciencias puede aún reorientar el rumbo.
Oky Arguello


