Entrevista al Dr. Moisés Hassan Morales
La historia que en Nicaragua el sistema educativo le cuenta a las nuevas generaciones, es un relato ficticio, mágico, hecho a la medida de la dictadura, que nada tiene que ver con la realidad de lo vivido. En esa historia fantástica, creada alrededor de las figuras de los co-dictadores solo caben dos héroes, ellos mismos, que aparecen gigantescos a la par de aquellos personajes —empequeñecidos, claro está— que es inevitable nombrar para dar coherencia y procurar hacer creíble el cuento que se cuenta.
Los nombres y las actuaciones de hombres y mujeres que tuvieron papeles importantes en la Historia de nuestro país, son borrados, desaparecidos, y cuando alguien los menciona, la propaganda de la dictadura echa lodo sobre sus nombres y sus actos, bien sean héroes o villanos. En el mundo de la dictadura solo puede brillar la ficticia luz de “el comandante y la compañera”.
Revista Abril viajó al lugar donde vive su exilio, a entrevistar al Dr. Moisés Hassan Morales, uno de los borrados de la historia oficial, que empezó su lucha contra la dictadura de Somoza cuando la gran mayoría de los nicaragüenses de hoy no habían nacido aún y que ahora, décadas después, continúa aún empeñado en derrocar a otra dictadura, la de Ortega-Murillo. Su papel en la lucha contra Somoza no fue trivial y a diferencia de muchos otros, respaldó sus palabras con sus acciones, participando como combatiente en la insurrección final contra la dictadura. Herido en combate, aún lleva charneles en su cuerpo como recuerdo de aquellos tiempos.
Como miembro de la Junta de Gobierno que asumió la jefatura del Estado después del derrocamiento de Somoza y luego desde otros cargos, fue critico incansable del rumbo que la Dirección Nacional daba a la revolución y fue paso a paso separándose del Frente Sandinista hasta renunciar a este partido en 1985. Por la posición que ocupó, su perspectiva es de gran valor para entender los hechos históricos de aquellos años.
A continuación presentamos la entrevista.
Revista Abril: Háblenos de su niñez y adolescencia: ¿cómo describiría el mundo que recuerda, la ciudad que recuerda, la sociedad que recuerda?
Moisés Hassan: Nací y crecí en Managua, en ese entonces poco más que una aldea que se esforzaba por ejercer el título de capital del país que ostentaba. Muchas de las calles todavía de tierra, atestada de coches tirados por caballos y unos pocos vehículos a motor como medios de movilización de la ciudadanía, con rampas empedradas, con muchachos jugando béisbol en sus vías con bolas de trapo, con modestos lugares donde divertirse jugando billar y libando, con su húmedo malecón. Todo esto custodiado por su bello lago, su loma, sus cerros y sus lagunas, en una de las cuales, Tiscapa, casi encontré la muerte.
Entre mis recuerdos figuran el Club Árabe —integrado mayoritariamente por palestinos, uno de ellos mi padre— y el mercado central de Managua donde él poseía una tienda de textiles.
RA: ¿Conoció a políticos u otras personas influyentes en su entorno social de entonces?
MH: Hasta los 22 años, cuando inicié estudios de posgrado en Estados Unidos, mis relaciones cercanas fueron exclusivamente con compañeros de estudio y jóvenes habitantes de nuestra vecindad, en la que si bien residían algunos miembros de partidos políticos y distinguidos profesionales, no estaban estos entre los particularmente influyentes ni económica ni políticamente en nuestra sociedad de esos días.
RA. ¿Cómo entró en contacto con la política por primera vez? ¿Qué lo motivó? ¿Hubo algún evento en particular?
MH: Fue mi madre quien desde muy temprano despertó mi interés en la situación política del país. Ella, sin participar en ninguna actividad política pública, en el entorno familiar era acérrima crítica del somocismo, sus crímenes, su corrupción y su irrespeto a la dignidad del nicaragüense; así mismo, del gobierno de los Estados Unidos, su intervencionismo, y sus consecuentes crímenes políticos y comunes. Por otra parte, imposible olvidar el sufrimiento y furor de mi padre cuando en 1948 invasores sionistas con el apoyo de sus patrocinadores, a la cabeza los Estados Unidos, crearon en territorio palestino la entidad que los representa actualmente.
RA: ¿Qué tipo de contacto y experiencia tuvo fuera de Nicaragua antes de involucrarse en la política, de interesarse por ideas políticas?
MH: Los casi seis años que en mi vida residí en el extranjero, fueron dedicados exclusivamente a asuntos personales, encabezados por el quehacer académico. Durante ese tiempo a lo más sostenía conversaciones personales intrascendentes, ocasionalmente exponiendo la situación política de Nicaragua y discutiendo sobre las causas y posibles consecuencias de la guerra de Vietnam.
RA: ¿Cuáles fueron las lecturas que recuerda como de mayor influencia en su desarrollo intelectual, especialmente en cuanto se refiere a su visión de la sociedad?
MH: Mi proceso de desarrollo intelectual y visión del mundo en el que se desenvuelve Nicaragua fue impulsado, inicial y principalmente, por la influencia hogareña a la que ya me he referido. Leí incontables y variadísimos libros, entre ellos novelas de autores de variadas procedencias y épocas. Posiblemente mi visión más globalizada del mundo fue mayormente generada por el poco conocido libro Historia del mundo para los niños, del brasileño Monteiro Lobato. Posteriormente, los trabajos de Gregorio Selser sobre el Pequeño Ejército Loco y el General de Hombre Libres, enfocaron esa visión hacia la región del mundo que habitamos. Nunca fui aficionado a estudios de contenido político-ideológico.
RA: ¿Quiénes fueron los primeros miembros del Frente Sandinista con quienes tuvo contacto, y luego, trató?
MH: Los miembros del Frente de varios niveles con los que tuve contacto fueron aquellos que desarrollaban sus actividades en sectores urbanos del interior del país. El primero de ellos fue el intelectual Fernando Gordillo Cervantes, mi vecino y amigo, quien propició mi acercamiento a la naciente Juventud Patriótica Nicaragüense, organización de la que fui efímero miembro. Concluida esta relación pasé a vincularme al agüerismo, lo que duró hasta los clarificadores acontecimientos que siguieron al 22 de enero de 1967. Luego, tras algunos años sin asociación con movimiento político alguno, en 1973, esencialmente partiendo de mis relaciones universitarias, me reincorporé a la lucha contra el somocismo desde las filas del FSLN, siendo Pedro Aráuz Palacios, Carlos Arroyo Pineda, Bayardo Arce, Carlos Núñez y William Ramírez mis principales contactos durante esa etapa final.
RA: ¿Cuánto tiempo fue militante antes del triunfo de 1979, y en qué consistía su militancia?
MH: Mi vinculación con el FSLN tuvo su inicio aproximadamente a mediados de 1973, siendo mis actividades esenciales por una parte prestar apoyo logístico a militantes que se encontraban en la clandestinidad en el interior del país, y por otra realizar trabajo organizativo. Consecuentemente, en ese último contexto participé activamente en la organización de la Asociación de Profesores del Recinto Universitario Rubén Darío (APRURD) y del Movimiento Pueblo Unido (MPU), el cual jugó un papel decisivo en alcanzar la movilización y participación populares que culminaron en la insurrección final de 1979. Fue parte de su trabajo la incorporación a la lucha contra el somocismo de sectores medios y de la cúspide de la empresa privada, habiendo impulsado con este fin el surgimiento del Frente Patriótico Nacional (FPN).
RA: ¿Puede describir el espacio político dentro del FSLN en el que militó en cuanto a la dinámica intelectual, la circulación de ideas, la tolerancia, los requisitos que implicaba la afiliación, y cualquier otra dimensión de la experiencia compartida dentro de la organización que considere relevante?
MH: Mi relación con el FSLN desde sus inicios nunca fue la de un subordinado de esos que típicamente acatan órdenes sin atreverse a cuestionarlas. No pasé nunca por el clásico proceso de afiliación y mis decisiones fueron tomadas siempre con un importante grado de independencia. El conflicto más serio en que recuerdo haberme involucrado ocurrió cuando me atendía Carlos Núñez, quién pretendió forzarme a permanecer en la naciente tendencia proletaria, algo que con argumentos y enérgicamente rechacé, con lo que se rompieron mis relaciones con ese sector del Frente y se formalizó mi incorporación a la tendencia GPP.
RA: ¿Quién decidió, y cómo se decidió, su papel en las insurrecciones de 1978 y 1979? ¿Estaba usted en la clandestinidad?
MH: El papel que desempeñé en la etapa última de la lucha, es decir durante la insurrección final, fue el resultado tanto de que a esas alturas era yo el dirigente principal del MPU, como de la necesidad de que la GPP, mi tendencia, estuviera representada en la Junta de Gobierno que se esperaba instalar después de triunfar. Desde luego la decisión fue auspiciada por la GPP y tomada por la Dirección Nacional Conjunta. Debo mencionar que para entonces ya había pasado a una clandestinidad más bien reciente, más o menos a partir de mediados de febrero de 1979.
RA: Como parte del plan internacional para acabar con la guerra en Nicaragua, se llegó a un acuerdo, patrocinado por Estados Unidos y otros países, que exigía la renuncia de Somoza Debayle, la instalación de una Junta de Gobierno de representación pluralista, y, notablemente, de la reestructuración del Ejército Nacional que integraría a fuerzas de la Guardia Nacional y tropas del Frente Sandinista.
- ¿Puede contarnos si usted, u otros que como usted estaban en el frente interno tuvieron participación en esas decisiones?
- ¿Cómo reaccionaron?
- ¿Qué pensó usted en ese momento sobre la integración Guardia-FSLN?
- ¿Qué conocimiento tiene usted de los detalles del proceso de desmoronamiento que sufrió la Guardia Nacional?
- ¿Qué conocimiento tiene usted sobre las discusiones, dentro del FSLN, acerca de las consecuencias de ese proceso?
- Por su experiencia directa, ¿puede usted explicar si hubo, en algún momento, dentro del FSLN, la intención de crear un sistema democrático tras el desplome del régimen somocista? ¿Qué se discutió al respecto, y quiénes lideraron la discusión? ¿Hubo divergencias de grupos o individuos acerca del camino a seguir, de las que usted haya sido testigo?
- ¿Qué papel específico jugaron, en este proceso, los siguientes personajes?:
- Humberto Ortega
- Daniel Ortega
- Tomás Borge
- Sergio Ramírez Mercado
- Jaime Wheelock Román
- Luis Carrión
MH: Hasta donde es de mi conocimiento nadie del frente interno participó en esas decisiones, y recuerdo que cuando estas nos fueron expuestas, argumenté que dormir en una barraca al lado de un guardia que me podría asesinar durante el sueño, era inconcebible. Se me respondió que dichas decisiones eran hechos consumados, no sujetas a discusión. En posteriores intercambios personales me di cuenta de que había en ese frente quienes compartían mis inquietudes. Afortunadamente este esquema se derrumbó cuando la guardia por razones más o menos claras se desmoronó, algo que fue recibido con júbilo y alivio por todos los militantes, a juzgar por aquellos con quienes tenía contacto. Supongo que algo parecido debe haber ocurrido en el seno de la DN, de seguro junto con un avivamiento de las disputas internas que por el control del poder tenían lugar. Tengo la seguridad de que en esa coyuntura no era la instalación de un sistema democrático algo que motivara mucha preocupación o discusiones en el seno de la DN, y más bien creo que lo que estaría en disputa serían las posiciones que sus miembros, cada quien con sus respectivos lacayos, ocuparían en las estructuras del Estado, en preparación para la lucha interna por el poder que sabían se avecinaba. No me cabe duda de que quienes tuvieron el peso preponderante en ese proceso fueron en primer lugar los hermanos Ortega, luego Borge, y finalmente, como socios menores de los Ortega, los tercerizados Wheelock y Carrión. Supongo que a Sergio Ramírez, obsecuente servidor de los hermanos, estos le solicitaron algunas opiniones o sugerencias, pero sin concederle participación alguna en los debates y menos aún en la toma de decisiones.
RA: Una vez en el poder, ¿en qué momento comenzó usted a distanciarse o a ser apartado del proceso político interno del FSLN? ¿Podría relatar el proceso, en cuanto este ilustra los choques y contradicciones dentro del régimen?
MH: Mis contradicciones con la dirección orteguista empezaron muy temprano, pues prontamente se les hizo evidente que rechazaría sin vacilaciones aquellas de sus actitudes y decisiones con las que no estuviera de acuerdo. Uno de los primeros frutos de esta determinación fue la aprobación, en septiembre del 79, del decreto 59, el cual especificaba el destino de los bienes de lujo expropiados al somocismo. Este decreto fue aprobado contra la voluntad de Ortega y Ramírez por los votos de los tres restantes miembros de la JGRN. Desafortunadamente ello no pudo impedir la piñata que encabezaron los miembros de esa dirección y su representante en la junta, quienes haciendo caso omiso de este decreto incentivaron ese saqueo, con el que compraron la fidelidad perruna de los cuadros altos e intermedios, al mismo tiempo que hicieron repudiables o sospechosos cualesquiera cuestionamientos o acciones que atentaran contra su poder absoluto en el seno del frente.
RA: ¿Qué explica, a su entender, la insistencia en servicio militar y guerra como alternativas para consolidar el proyecto de poder del FSLN? ¿Creían verdaderamente que se trataba de una guerra importada? ¿No consideraron la dimensión de insurrección campesina que hoy muchos reconocen? ¿Pensaron realmente que la legitimidad del régimen no sufriría daño en medio de un conflicto destructivo y una economía en colapso?
MH: Creo que la actitud adoptada por el gobierno de los Estados Unidos dio a Ortegas y cómplices la justificación que deseaban y necesitaban para consolidar y ejercer el poder por la fuerza de las armas. Desde luego no se les ocultó que sus abusos y su torpe administración, no tardaron en quitar validez a los ojos de la inmensa mayoría de la población de esa justificación, poniéndoles al desnudo, pero ya su objetivo había sido alcanzado. Se sabían repudiados, carentes de credibilidad, combatidos, pero eso no les importaba, pues para ellos la legitimidad carece de importancia, lo que cuenta es el poder.
RA: De Daniel Ortega se dice que siempre fue subestimado, y que, como ocurre muchas veces en política, él convirtió subestimación en distracción, para construir su poder. ¿A qué atribuye su éxito, particularmente en vista de la percepción generalizada de que Humberto Ortega tenía mayor capacidad estratégica? ¿Es falsa esta percepción?
MH: Coincido con quienes opinan que Humberto tenía un pensamiento más estratégico que su hermano, pero creo necesario aclarar que este, a mi juicio, tiene el poder como su máxima, patológica y desquiciada obsesión, mientras que aquel concedía también una importancia similar a otros placeres más frívolos, a los que dedicaba buena parte de su tiempo. Esto sumado a la astuta asesoría de un servilizado Sergio Ramírez Mercado, y las torpes y bien manipuladas ambiciones de Antonio Lacayo, hicieron la diferencia entre los destinos de ambos hermanos.
RA: ¿Qué papel jugó Sergio Ramírez Mercado en:
- La administración del poder estatal en los 1980
- El desarrollo del modelo de coerción estatal instalado por el Estado en esa época.
- Los actos de represión contra campesinos y grupos étnicos.
- El manejo de la censura de prensa.
- La política de expropiaciones.
- El desarrollo y crecimiento político de Daniel Ortega, a quien en 1991 se refirió como “mi hermano, y el mejor presidente de la historia de Nicaragua”?
MH: Sergio Ramírez fue, no me cabe duda, el ejecutor complaciente y disciplinado de todas las decisiones adoptadas por la dirección del Frente en lo que concierne a la administración del poder estatal y en aspectos relacionados con la misma, entre ellos la coerción, la censura de prensa, y la política de expropiaciones. En cuántas y cuáles de estas decisiones adicionalmente tuvo influencia mediante sugerencias personales a Daniel, no es claro pero sí indisputable, como indisputable es que dichas sugerencias dieron una contribución crucial al crecimiento y desarrollo del peso político que este eventualmente adquirió.
RA: En retrospectiva, ¿considera usted que el nacimiento de un régimen autoritario luego de la caída de Somoza era inevitable, por razones económicas, geopolíticas, culturales o de otra naturaleza?
MH: A mi manera de ver, el surgimiento tras la caída de Somoza de una nueva dictadura era, si no inevitable, altamente probable por razones fundamentalmente culturales, razones a las que me refiero ampliamente como “la maldición del Güegüense” en mi libro del mismo título.
Cómo y por qué surge y se hace preponderante entre nosotros esa cultura, es un tema que amerita investigaciones muy serias: es increíble que haya demasiados compatriotas que se enorgullecen del Güegüense, en vez de ubicarlo en el lugar que le corresponde.
RA: ¿Cree usted que las mismas razones que hicieron posible (si no inevitable) una dictadura después de Somoza, y que impidieron el desarrollo de una democracia después de los 1990, estarán presentes cuando se extinga la actual dictadura?
MH: Desafortunadamente, la cultura güegüénsica sigue presente entre nosotros, y esto es algo que de alguna manera debemos enfrentar para reducir las probabilidades de sufrir una nueva frustración y nuevas calamidades una vez que tumbemos a la actual dictadura. Urge pues encontrar esa manera de reducir la influencia de la cultura güegüénsica, si es que aspiramos a que en Nicaragua disfrutemos algún día de un sistema político semejante a la democracia.
RA: ¿Qué más nos puede contar, para el aprendizaje histórico, para la memoria histórica de una nación de olvido sistémico, que nadie hasta la fecha se atreva a decir o contar?
MH: Espero que algún día no muy lejano, los estudiosos objetivos y principistas de nuestra Historia, dejen sentado, más allá de toda duda razonable, sobre quiénes recae la responsabilidad de que Ortega haya conservado el poder que con sus votos quiso el pueblo arrebatarle en 1990. A la cabeza de estos, figura, por más que ellos hayan hasta ahora logrado que casi no trascienda, la señora Violeta Chamorro.
En el capítulo VIII de La Maldición del Güegüense, expongo, con las correspondientes y debidas referencias, buena parte de las decisiones con las que la señora Chamorro logró la sobrevivencia, impunidad y fortalecimiento del orteguismo. Hasta el día de hoy, lamentablemente…
Nota: el decreto no. 59 al que hace referencia el Dr. Hassan pueder leerse en: https://sajurin.enriquebolanos.org/docs/JGRN_0059.pdf


