La banalidad del mal

Oky Argüello
Oky Arguello es una escritora centroamericana radicada en España. Es autora del bestseller El Coleccionista y de otros libros de poesía y cuento. Formación académica: Doctorado en Psicología, Grados y másteres universitarios multidisciplinarios.

Lo inquietante del mal no siempre es su violencia evidente sino su aspecto común, repetido, casi burocrático.

La frase “banalidad del mal” fue acuñada por la filósofa alemana Hannah Arendt, quien vio que, más que por una maldad innata, el mal suele prosperar por la renuncia a pensar críticamente y la obediencia ciega.

Una vecina que mira hacia otro lado ante un abuso. Un funcionario que sella un documento sin leerlo porque “no es su problema”. Un joven que insulta desde el anonimato de una pantalla. Así, en gestos pequeños, el mal se banaliza: deja de parecernos monstruoso y se vuelve costumbre.

Pero si hay una banalidad del mal también existe una grandeza de la bondad. Y al contrario de lo que muchos piensan, no nace de un optimismo ingenuo. La bondad verdadera es una lucidez activa: reconoce lo que está roto, lo que duele y lo que da miedo y aun así decide no replicarlo.

La bondad no es simplemente “ser bueno” como si fuera una etiqueta moral. Es una posición vital.
Es cuidar lo que nos rodea aunque no nos pertenezca.
Es poner límites sin humillar.
Es saber decir “no” cuando algo hiere a otro.
Es compartir incluso cuando no hay abundancia.

Quien vive así no huye de la dureza del mundo: la atraviesa y al hacerlo la transforma un poco. La bondad nos da dirección cuando el sentido de la vida parece diluirse. Nos recuerda que el valor de nuestra existencia no se mide en lo que acumulamos sino en la huella que dejamos en quienes nos rodean.

El sentido profundo de la vida no es una idea abstracta ni un premio que nos espera al final. Es un camino que se construye paso a paso en decisiones pequeñas: elegir ayudar, no humillar, decir la verdad, cuidar lo frágil.

Y ahí está el contraste que salva: frente a la banalidad del mal la lucidez de la bondad es nuestra única victoria silenciosa.
No hará ruido en las plazas ni en los titulares pero puede cambiar para siempre el corazón de quien la recibe.