¿La OTAN? Un club de iluminados por el resplandor de las balas

Oky Argüello
Oky Arguello es una escritora centroamericana radicada en España. Es autora del bestseller El Coleccionista y de otros libros de poesía y cuento. Formación académica: Doctorado en Psicología, Grados y másteres universitarios multidisciplinarios.

En La Haya, ciudad símbolo del derecho internacional, se reunieron los líderes de la OTAN. Pero no fue la justicia la protagonista. Bajo la fachada de seguridad colectiva, se discutió lo que en esencia fue una nueva versión del viejo catecismo bélico: más gasto militar, más control geopolítico, menos humanidad.

El nuevo mandamiento: gastar en guerra

La propuesta central fue clara: elevar el gasto militar hasta un 5 % del PIB, con un 3,5 % destinado exclusivamente a la compra de armamento. Mientras tanto, hospitales colapsan, las aulas envejecen y las ciudades se incendian bajo olas de calor. Pero el misil, el tanque y el dron no pueden esperar.

La ecuación es simple y brutal: PIB más miedo igual a negocio redondo. La seguridad ya no es derecho, es mercancía. Y en esta reunión, la vitrina brillaba con misiles nuevos y presupuestos inflados.

¿Quién se enriquece?

Mientras los ciudadanos de a pie ven sus pensiones recortadas y la salud pública en ruinas, Lockheed Martin, Raytheon y Rheinmetall celebran el alza bursátil. Las guerras modernas no necesitan enemigos: basta un discurso, un mapa rojo y una narrativa de urgencia.

La OTAN se consolida como el mayor comprador de muerte del planeta, una institución que ha dejado atrás la disuasión y avanza hacia la autosostenibilidad del conflicto.

¿Alianza defensiva o teatro armado?

Bajo la retórica del orden mundial se esconde una liturgia repetida: el miedo como doctrina, la amenaza como excusa, el ciudadano como rehén emocional.

Estados Unidos dirige el guion con mano invisible. Europa asiente con entusiasmo (Polonia, Letonia, Alemania), o con resignación (Francia, Italia). Solo España, Bélgica y Eslovaquia alzaron tímidamente la voz, defendiendo el límite del 2 % del PIB. En la sala, sonaron como una flauta en medio de una marcha marcial.

España, a pesar de perder influencia en la mesa, preservó la dignidad histórica al recordar que la prioridad no es blindarse para la guerra, sino sostener la vida: salud, educación, transición ecológica.

Cuando la industria de las armas se convierte en prioridad presupuestaria, la democracia entra en cuidados intensivos.

Y cuando el miedo se vuelve doctrina de Estado, la humanidad retrocede.

No es un delirio antimilitarista, es una advertencia lúcida: la guerra no es inevitable, es rentable.

Oky Arguello