La persistencia de fantasmas históricos: Colonialismo, supremacía blanca y la batalla por los migrantes en EE. UU.

Aníbal Herrera

Estados Unidos, una nación que se enorgullece de su historia como crisol de culturas y bastión de la democracia, se encuentra en un constante tira y afloja con los elementos más oscuros de su pasado y presente: el legado del colonialismo de asentamiento, la supremacía blanca y la creciente hostilidad hacia los migrantes, especialmente los latinos. Las ideas de historiadores como Gerald Horne resuenan con una inquietante actualidad al observar el panorama político y social del país hoy.

El colonialismo de asentamiento: una raíz profunda

La visión de Estados Unidos como un estado colonial de asentamiento no es una mera teoría académica; es una lente poderosa para entender la dinámica actual. Desde la expropiación de tierras indígenas hasta la importación forzada de africanos esclavizados, la construcción de «la blancura» fue un proyecto deliberado para consolidar el poder y el territorio. Esta mentalidad de «asentamiento» (donde los colonos no solo explotan recursos, sino que buscan reemplazar a las poblaciones nativas) sigue manifestándose en políticas de frontera y en la percepción de «quién pertenece» a la nación.

Hoy, la narrativa de la «invasión» de la frontera sur, a menudo utilizada para describir a los migrantes, refleja directamente esta ideología. Se les presenta como una amenaza a la demografía, la cultura y la seguridad de la «nación asentada», reviviendo miedos atávicos sobre la pérdida de control y la pureza racial.

La supremacía blanca: un «protofascismo» en evolución

Gerald Horne ha advertido que la naturaleza colonial de Estados Unidos lo hace inherentemente propenso al desarrollo del fascismo. Esta afirmación cobra una relevancia preocupante con el surgimiento de movimientos y discursos que glorifican un pasado «blanco» idealizado y demonizan a las minorías.

 * Nacionalismo blanco explícito: Aunque marginal, la presencia de grupos abiertamente supremacistas blancos sigue siendo una amenaza. Sin embargo, su ideología ha permeado discursos más mainstream.

 * La «Teoría del Gran Reemplazo»: Esta teoría conspirativa, que afirma que existe un complot para reemplazar a la población blanca de Estados Unidos con inmigrantes no blancos, ha sido promovida por figuras políticas influyentes y ha alimentado tragedias como tiroteos masivos. Es una manifestación clara de los miedos demográficos y raciales que subyacen a la supremacía blanca.

* Ataques a la educación y la historia: La ofensiva contra la «Teoría Crítica de la Raza» y los intentos de reescribir la historia para blanquear el pasado de la esclavitud y el colonialismo son esfuerzos por mantener una narrativa dominante de supremacía blanca, silenciando voces y experiencias disidentes.

El ataque a los migrantes: los latinos en la mira

El grupo más afectado por estas dinámicas contemporáneas son los migrantes, y en particular, los latinos. La retórica antiinmigrante, a menudo cargada de tintes raciales, los presenta como criminales, una carga económica o una amenaza cultural.

 * Políticas de deportación masiva: Las administraciones recientes, incluida la de Trump, han priorizado las deportaciones a gran escala, separando familias y creando un clima de miedo en las comunidades latinas.

 * Militarización de la frontera: La construcción de muros, el despliegue de fuerzas de seguridad y el uso de tecnología de vigilancia reflejan una visión de la frontera como un frente de guerra contra los migrantes.

 * Restricciones al asilo y a la migración legal: Las políticas que dificultan el acceso al asilo y limitan las vías de migración legal empujan a las personas a situaciones más peligrosas y alimentan la narrativa de la «migración ilegal».

* Legislación estatal antiinmigrante: Estados como Texas y Florida han aprobado leyes que van más allá de la política federal, imponiendo castigos severos a las personas que transportan migrantes indocumentados o restringiendo los derechos de los trabajadores migrantes. Esto crea un ambiente hostil y discriminatorio para las comunidades latinas, incluso para aquellos con estatus legal.

¿Qué futuro espera a Estados Unidos?

El futuro de Estados Unidos se perfila como un campo de batalla entre estas fuerzas históricas y las aspiraciones de una sociedad más inclusiva.

 * Polarización continua: Es probable que la polarización en torno a la raza, la inmigración y la identidad nacional se intensifique. Las elecciones futuras serán un barómetro clave de la prevalencia de estas ideologías.

 * Crecimiento demográfico de las minorías: A pesar de los intentos de suprimir el voto o la participación cívica, el crecimiento demográfico de las poblaciones no blancas, incluidos los latinos, es una realidad innegable. Su creciente poder político, si se moviliza eficazmente, tiene el potencial de redefinir el paisaje electoral y empujar hacia políticas más inclusivas.

 * Luchas legales y movimientos sociales: Las batallas por los derechos de los migrantes, la reforma de la justicia penal y la equidad racial continuarán en los tribunales y en las calles. La resistencia de las comunidades afectadas y el apoyo de aliados serán cruciales.

 * Un posible «ajuste de cuentas»: Como sugiere Horne, una nación no puede eludir indefinidamente sus contradicciones fundamentales. El futuro podría implicar un doloroso pero necesario «ajuste de cuentas» con el legado del colonialismo y la supremacía blanca. Esto podría manifestarse en un mayor reconocimiento de la historia, reparaciones, o cambios estructurales profundos que desmantelen las jerarquías raciales.

El camino por delante para Estados Unidos es incierto. La prevalencia de ideas arraigadas en el colonialismo y la supremacía blanca presenta un desafío formidable. Sin embargo, la creciente diversidad del país y la persistencia de movimientos por la justicia ofrecen una chispa de esperanza para un futuro donde los fantasmas del pasado finalmente puedan ser confrontados y, quizás, superados.