Lo que no se nombra se invisibiliza
¿Por qué importa decir médica, jueza, arquitecta o presidenta?
1. Porque lo que no se nombra se invisibiliza.
La lengua no solo describe el mundo: lo construye.
Durante siglos el masculino fue el “neutro” porque la norma era el varón. Así, decir “el médico” implicaba automáticamente un hombre; la mujer era la excepción, una “versión” de lo central.
Nombrar en femenino no es capricho gramatical sino una forma de señalar que la mujer no está prestada al rol: es parte constitutiva del rol.
2. Porque la historia de la lengua fue también historia de exclusión.
Durante siglos:
– Las mujeres no podían estudiar medicina, derecho, arquitectura o teología.
– No podían votar ni tener propiedad ni divorciarse.
Así que no existían palabras como:
– Médica
– Ingeniera
– Abogada
– Pilota
– Catedrática
No había palabras porque no había realidad legal. Pero hoy la realidad cambió y la lengua debe reflejarlo.
3. Porque usar el femenino reafirma la legitimidad de estar ahí.
Decir “la presidenta” o “la jueza” no es una concesión estética.
Es una afirmación simbólica de presencia plena: “Estoy aquí no como excepción sino como parte del centro”.
Evitar la “a” en nombre de una supuesta neutralidad suele ser —consciente o no— un intento de volver a empujar al margen lo que costó siglos conquistar.
4. Porque lo gramatical no es inmutable ni aséptico.
Hay quienes dicen: “La palabra correcta es presidente para ambos géneros porque así lo indica la Real Academia”.
Pero la misma RAE tardó 50 años en aceptar médica, jueza o fiscala.
Y esa misma institución se opuso históricamente a:
– Abolir el “vosotros” en América
– Aceptar “usted” como forma de cortesía en vez de error
– Reconocer que el español latinoamericano tiene autonomía
La gramática evoluciona con la cultura.
Y negar el femenino no es fidelidad al idioma: es apego a una jerarquía que ya no representa el presente.
5. Porque el lenguaje educa.
Una niña que escucha que “la médica” salvó una vida, que “la científica” descubrió una vacuna, que “la arquitecta” diseñó el nuevo hospital… entiende que ese futuro también puede ser suyo.
La “a” no es solo un sonido.
Es una señal luminosa en el camino hacia la equidad simbólica.
Entonces, ¿importa cambiar la ‘o’ por la ‘a’?
Sí. Importa si lo que queremos es un mundo donde el lenguaje refleje con justicia lo que el tiempo, la lucha y la historia han ido conquistando.
No es por corrección política.
No es para evitar ofensas.
Es porque la palabra crea mundo.
Y si queremos un mundo donde las mujeres estén, dirijan, curen, inventen y gobiernen tenemos que aprender a decirlo.
Con toda la letra.
Con la A.


