Pérdida de productividad y competitividad versus industria militar

Los Estados Unidos con su política arancelaria está demostrando su incapacidad para competir en los mercados mundiales, por tanto, trata de frenar la competencia por un desarrollo del proteccionismo y busca mantener su hegemonía con el desarrollo de sectores improductivos, básicamente con el complejo militar industrial.

Su esfuerzo no está orientado a modernizar la industria civil y pesada de uso pacífico con el fin de ganar un margen de superioridad productiva y tecnológica sobre sus principales competidores: China Japón, Corea del Sur, Alemania, etcétera. Si los Estados Unidos realmente quisieran desarrollar su capacidad competitiva, es sabido por los estudiantes de economía que ésta es función de tres factores: el volumen de capital, el nivel de productividad y el nivel de los salarios. 

Iniciar este proceso de modernización implica tiempo y recursos lo que podría significar disminuir la distancia cada vez más corta con China en la carrera del sector militar y poner en riesgo su posición de superioridad a nivel mundial, por lo tanto el país gobernado por Trump jamás hará una reasignación de recursos en la frontera de las posibilidades de producción a favor de la industria civil en detrimento de la militar, en otras palabras la decisión es el abandono de la producción interna para el consumo civil.

Si efectivamente quisieran reducir su enorme deuda pública, sencillamente tendrían que efectuar una disminución sustancial de los elementos en que está fundamentada, los gastos improductivos basados en el rubro militar del presupuesto, rubro que tiene un “auge” de más de ochenta años, y estos gastos militares han incrementado de forma impresionante el financiamiento y gasto deficitario, y éste a su vez se ha convertido en el medio perfecto para propagar la inflación de manera permanente no solo en los Estados Unidos, sino extenderla a nivel mundial, ello hace que el dólar sea vulnerable no solo por el déficit de la balanza de pagos sino por la constante erosión de su poder de compra a lo interno de los Estados Unidos y a nivel mundial. Obviamente tampoco el gobierno va a reducir su déficit afectando al rubro de mayor peso en el mismo. 

El perverso círculo de la deuda y el déficit

Otro aspecto importante que debe mencionarse, es el peso del servicio de la deuda, que por el incremento continuado del déficit donde mencionábamos la importancia de los gastos militares, este pago representa el mayor rubro en los gastos presupuestarios, en este primer semestre del año 2025 Estados Unidos ya debió haber pagado la suma de 9.2 billones de su deuda pública, monto que representa aproximadamente el 25.4% del total de dicha deuda.

Los Estados Unidos se encuentran en un círculo vicioso y perverso. Para poder cubrir su déficit fiscal y comercial tiene que incrementar su deuda pública, por lo tanto, debe contratar nuevos préstamos, o sea incrementar su deuda, pero si reduce su tasa de interés tendrá mayores dificultades para atraer capital extranjero y nacional. Efectivamente, los capitales corporativos nacionales buscarán nuevos mercados, como afirmamos anteriormente, el capital se dirige donde hay mayor rentabilidad, por lo tanto, esa medida puede provocar una especie de fuga de capital, que cuidado ya puede estarse gestando. 

Esta situación está presionando a los principales socios de EE. UU, aliados y no aliados, a alejarse de ese país y su moneda, buscar nuevas alternativas comerciales y financieras. Toda esta realidad actual de la poderosa nación estadounidense, no deja de recordarnos como posibilidad ya no muy remota, algo que creíamos solo para los países subdesarrollados del sur, una situación paradójica y peligrosa a la vez, que el volumen de los nuevos préstamos no sea suficiente para cubrir los compromisos financieros originados con anterioridad y que se acuda a la emisión inorgánica o sea la flexibilización cuantitativa. Por eso el interés de la Administración de Trump de controlar la FED, lo que significaría mayor debilitamiento del dólar, lo que generaría una afectación del sistema monetario internacional y una mayor inflación mundial. 

¿Inflación o estanflación?

Los principales asesores económicos de Trump han tratado de minimizar o quitarle importancia al serio problema de la inflación, por ejemplo, el señor Bessent ha afirmado que los aranceles producirán un único ajuste de precio y que el “acceso a bienes baratos no es la esencia del sueño americano”, ellos llaman a su país utilizando el nombre de nuestro continente. Veamos hasta donde son reales esas afirmaciones.

En primer lugar, el problema inflacionario no puede limitarse al efecto de los aranceles, que son efectivamente elementos que provocan un alza de los precios como lo muestran los datos de inflación mayorista, 0.9% mensual en julio cuando lo proyectado era un incremento de 0.2%; el IPP mostró a nivel interanual un incremento de 3.3% contra una estimación de 2.5%; la inflación subyacente se ubicó en 3.7% contra el 2.6% del mes anterior y una proyección de 2.9%. 

Estos datos reflejan la situación de un mercado que se enfría de forma gradual, ello significa que la inflación está presente en la economía, lo que ocurrió es que las empresas inicialmente absorbieron los costos arancelarios y no los trasladaron a los consumidores, pero este proceso de transmisión del golpe de los aranceles a los consumidores las empresas ya empezaron a revertirlo, lo que demuestra la falsedad de lo afirmado por Trump que los aranceles los pagarían las empresas y gobiernos extranjeros.

Pero como decíamos, ajustarse a un análisis estático enfocando solamente una de las variables, es torcer la realidad, ya que hay otro elemento propagador de presiones inflacionarias de manera permanente, como es el déficit fiscal que principalmente se emplea para gastos improductivos destinados a la fabricación de instrumentos para la destrucción, lo que lleva aparejado una disminución absoluta del stock de capital para la producción civil y de una gran disminución de la  productividad y competitividad de la economía estadounidense. 

¿Pero, en la actual coyuntura están abiertas las posibilidades de una estanflación, es decir, inflación más desempleo? Considero que es posible si se desarrollan los siguientes factores o tendencias: Si a lo expuesto en el párrafo anterior le adicionamos la posibilidad de que la administración Trump logre controlar la FED, lo que significaría una reducción de tasas que promoverían el crédito barato y por tanto aumentaría la liquidez en la economía; además el posible shock de oferta por el costo incremental de los bienes importados, lo cual a su vez aumenta la probabilidad de una desaceleración económica y por tanto el desempleo, este última variable muestra signos de desaceleración y de enfriamiento, según los datos del mes de julio; entonces si consideraríamos que se incrementan las posibilidades de una estanflación.

Por otra parte, debe analizarse la situación del dólar, su pérdida de poder adquisitivo por la inflación, su pérdida de valor frente a otras divisas, especialmente el euro, y provocada también por el posible bajo crecimiento, ese dólar débil empuja al alza de los precios de las importaciones, mayor propagación de presiones inflacionarias. Lo que debe estar claro Trump con sus asesores es que los aranceles no aumentan la oferta de bienes.

En cuanto a la otra afirmación de que el acceso a bienes barato no es la esencia del sueño de los estadounidenses, creo que el señor Bessent, hoy Secretario del Tesoro, está pensando cuando se desempeñaba como inversor y administrador de fondos de riesgos (hedge funds) en Wall Street, cuando los bancos tuvieron la “genial idea” de utilizar sus crecientes flujos de capital procedentes del extranjeros para extender créditos baratos a los hogares de la icónica clase media y trabajadora en forma de hipotecas, préstamos personales y tarjetas de crédito, es decir, generando una espiral de consumismo hasta que reventó la burbuja.

 La publicidad y mercadotecnia terminó de cerrar la tapa al pomo, hizo creer a los ciudadanos que esa era la forma de hacerse rico. El mecanismo fue sencillo: otorgaban crédito para comprar una casa y luego la misma casa era revalorizada, aumentaban su valor prácticamente de forma artificial, y la misma casa ya hipotecada volvía a servir de garantía para otro préstamo y para comprar otros bienes en su mayoría importados. 

Eso generó un nivel de deuda no garantizada de forma espectacular, obviamente la inflación inmobiliaria era vista con alegría, quizás a eso se refiere el Secretario del Tesoro y ya sabemos cómo terminó eso en la burbuja inmobiliaria y el crash del 2008. ¿Y cómo resolvieron esa gran crisis?  Sencillo, transformaron la deuda de los bancos en deuda pública, socializaron las pérdidas, y Bessent naturalmente se llenó de completa felicidad con su banca de inversión.

Corolario

Pero veamos lo que decía otro economista veinte años atrás, en el 2005, cuando el éxito de EE.UU parecía invencible con la masiva y creciente afluencia de capitales externos, nos referimos al finado Paul Volcker expresidente de la FED durante los gobiernos de los presidentes Carter y Reagan: “Llenamos nuestras tiendas y nuestros garajes de productos extranjeros, y la competencia ha sido un freno potente a nuestros precios internos……la dificultad está en que este patrón aparentemente cómodo no puede mantenerse indefinidamente.” 

Lo que parece no han comprendido en este caso el gobierno y su equipo de asesores, que, si una medida arancelaria es aplicada de forma individual, simplemente a otro país, es casi seguro no tenga efectos adversos a la economía mundial, pero si se aplica de manera generalizada, simultánea a todo el mundo si habrá efectos negativos capaces de reducir el comercio mundial, la producción y el empleo, se podría producir un estrangulamiento económico global.

La conducta del gobierno de Estados Unidos es que no acepta su realidad, la posición de país maduro con una balanza comercial negativa y un gasto deficitario gigantesco, ambos déficits expresión de su declive económico y trata de resolverlo agresivamente a través de una relación de fuerza, sin importarle los daños causado a ellos mismos y al resto del mundo. En ese sentido, procura trasladar a los otros países sus propias dificultades crecientes y precisamente, en eso juega un papel importante su privilegio de poseer todavía la principal divisa utilizada como moneda de reserva, medio de pago internacional y constituye la esencia de las reservas de cambio de los diversos bancos centrales. 

Pero es de este privilegio y posición dominante donde surge su problema: sus dos déficits que le hicieron perder competitividad, productividad, desindustrializarse y convertirse en una economía deudora y ahora se proclaman víctima del desarrollo de otros países principalmente China, seguido de India. Europa da la impresión de no poder participar como centro de poder en un proceso que lleve a la democratización de la economía, que logre un mayor equilibrio financiero, económico y político, un mundo multipolar, y la conducta de Estados Unidos es que el mundo ya no se rija por normas y relaciones económicas y el derecho internacional, sino por las acciones unilaterales de ellos mismos en función de su poder militar-nuclear, más que el económico.

Podemos terminar diciendo que la crisis mundial que ha generado los Estados Unidos con el gobierno de Trump a la cabeza, debe ser vista como una ruptura general de la estabilidad; como un proceso que debilita y mina crecientemente la cohesión global del sistema económico y monetario internacional. Por ello deseo citar a dos grandes economistas de nuestro tiempo, el sueco, ya fallecido, Gunnar Myrdal y el griego Yanis Varoufakis.

“Al finalizar, me veo obligado a insistir de nuevo en la gran incertidumbre que rodea el futuro”. (Myrdal).

“Nunca antes tanta gente poderosa comprendió tan poco sobre lo que la economía mundial necesita para recuperarse…nuestra única esperanza es que la historia a menudo forja nuevas posibilidades cuando no parece existir ninguna. Así que permitamos que el optimismo brille en la oscuridad que nos rodea.” (Varoufakis).

Armando Jaramillo
Economista