Preguntas (¿creen los “opositores”, creen los maganicas en los Derechos Humanos?)
Hay que preguntar a todos los “políticos libertadores” de la “oposición”, y a todos sus paniaguados y voceros, y de paso, a todos los maganicas, si la “libertad” que quieren para Nicaragua es la que aplica el régimen autocrático de quien declaran su héroe y campeón en la Casa Blanca.
Por emitir una opinión, este régimen aterroriza y secuestra a una doctoranda de una conocida universidad estadounidense, la encapuchan, la llevan en una “gira” de 1500 millas y al final la “depositan” en un centro de detención para “deportables”.
Es un procedimiento típico de las peores dictaduras iberoamericanas. Y no pueden ––ese es el caso también en nuestras dictaduras–– acusar a la secuestrada de ningún crimen.
La transgresión que motiva la ira de los represores es que la estudiante hace uso de su derecho a pensar y actuar como un ser humano libre. Para el poder autoritario esto es un “crimen”, que no logran, esta vez, encubrir con la acusación de estar en el país sin documentos; ni siquiera la perversa xenofobia les sirve de mampara: la secuestrada es una estudiante de doctorado con todos sus papeles en regla. Y con seguridad había y habría varios otros programas de doctorado en Estados Unidos que competirían entre ellos para tenerla entre sus estudiantes.
Pregunto de nuevo, a los políticos “libertadores” de la “oposición”, y a todos sus paniaguados y voceros, si esta es la “libertad” que quieren para Nicaragua.
Ayuden a quitar las comillas, pronúnciense, no actúen matreramente, no se escuden en sofismas, o en el silencio: ¿esta es la libertad que quieren para Nicaragua, gente como los presidenciófilos Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, Cristiana Chamorro, y muchos otros que, o aplauden al nuevo presidente, o callan cuando sus propios compatriotas son víctimas de este?
Para Estados Unidos y el mundo, lo que ocurre en estos momentos es una tragedia de consecuencias potenciales profundas y duraderas. El secuestro de la estudiante turca sirve para indicar algunas de estas en el horizonte. ¿Por qué? Pues, aparte de la violación canalla de los Derechos Humanos universales que revela, indica que las prácticas del Estado (hasta donde, por el momento, puede controlar el trumpismo) atentan incluso contra los intereses del país.
La estudiante pertenece a una categoría de individuos altamente productivos para la cultura estadounidense y del mundo. Individuos que tendrán que pensarla mucho antes de aceptar la oferta de cualquier centro de investigación o de alta cultura en Estados Unidos, en vista de la orteguización que empieza a corroer esta sociedad, a tal punto que oficiales de Inmigración se atrevan a revisar mensajes almacenados en teléfonos de uso privado de visitantes al país. Esto era antes inconcebible.
¿Están de acuerdo con estas prácticas los nicaragüenses que dicen querer democracia, especialmente quienes dicen querer construirla y presidirla?
En Estados Unidos, se sabe (¿o se sabía, o se creía falsamente?) que la Constitución protege el discurso, el pensamiento autónomo y su expresión libre, para cualquier persona en el territorio. Sin embargo, las agresiones contra este derecho, que es además universal e inalienable, se multiplican. El régimen ha intentado deportar a un estudiante en una universidad muy conocida, también en el país con documentos legales, también limpio de toda acusación criminal, simplemente por expresar un punto de vista. Ya sabemos de represalias financieras contra universidades que no se adhieren al giro autoritario. Ya sabemos de científicos que emigran, como emigraban cientos de ellos en los años en que el fascismo se instalaba en Alemania, antes de la segunda guerra mundial. Ya sabemos de científicos expulsados, o a quienes esbirros que saben poco más que imponer la voluntad del poder, deniegan la entrada porque sus teléfonos incluyen mensajes con críticas al aspirante a Führer.
¿Es esto lo que quieren los maganicas? ¿Es esto lo que quieren los Maradiagas, Chamorros, Irlanda Jerez, y todos los que en público o en vergonzante silencio los acompañan, incluyendo a la supuesta “izquierda” ex–FSLN? ¿Esta es la “libertad” que quieren? ¿Esto es lo que aplauden junto a sus amigos políticos en Estados Unidos?
¿O van a utilizar de nuevo el sofisma de que exigirles respuesta es obra de “infiltrados”, que trabajamos para la dictadura? Dicho sea de paso, la dictadura, que incluye al Gran Capital y al Ejército, que no es solo la decrépita pareja de esperpentos en El Carmen, con la cual, precisamente ––hagan sus apuestas, damas y caballeros–– ¡estos políticos son los primeros dispuestos a negociar y dialogar!
Si exigir respuestas es ser “infiltrados”, hay cerca de seis millones de “infiltrados” nicaragüenses. En efecto, así nos ven. Para ellos el “juego” del poder les pertenece. Estarían felices de “jugarlo” dentro de los muros de un castillo feudal, con la plebe extramuros trabajando los campos, mientras los “señores” luchan entre ellos por el dominio. A nosotros, en su mentalidad autoritaria, que muy poco se diferencia de la de todos los tiranos de nuestra historia, nos ven como un estorbo: “infiltramos” el proceso político. Es decir, nosotros somos un virus indeseable en el cuerpo del (de “su”) poder, al que hay que suprimir.
¿Vamos a permitir que se salgan con la suya?
Francisco Larios
El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor de revistaabril.org.