Renée Nicole Good, otra poeta mártir del poder

(Sobre “Aprendiendo a disecar cerdos fetales”)

En la campaña de terror desatada por el gobierno de Trump, cuyo objetivo publicitado son los «inmigrantes criminales»—como lo fueron comunistas, judíos y otros en la Alemania nazi, grupos minoritarios convertidos en chivos expiatorios—, el verdadero objetivo es la intimidación de los ciudadanos y la construcción de un aparato represivo pretoriano.  

Esto queda al desnudo con el asesinato, a plena luz del día, de la poeta estadounidense Renée Nicole Good1.

Renée Nicole Good, quien en 2020 firmaba bajo el apellido “Macklin”, publicó ese año, en Poets.org, de la Academy of American Poets, su poema premiado “Aprendiendo a disecar cerdos fetales”. Lo reproducimos aquí, en inglés y en español (traducción propia), como un homenaje póstumo a la poeta, como una celebración de su espíritu y como una bandera de la lucha de los estadounidenses en contra del Terror estatal que intenta imponer el régimen fascista del movimiento MAGA y su líder.

 “Aprendiendo a disecar cerdos fetales”2 reflexiona sobre el crecimiento espiritual e intelectual del ser humano, no solo como paso de niñez a adultez, sino como un dejar atrás la visión infantil del mundo, llena de magia y significados heredados, para empezar a ver con ojos críticos, analíticos; para aceptar las verdades a veces perturbadoras que descubre la ciencia. El poema, por tanto, abraza el valor y la necesidad de la comprensión científica. Pero también reconoce lo que puede perderse en el camino: nuestro sentido de asombro, de seguridad, y de sacralidad de la vida. Desvela así la inevitable tensión entre toda fe codificada en dogmas (osificada), y el pensamiento racional que avanza, cambia, descubre espacios entre los órganos vitales del mundo que disecciona. 

Ni el poema —ni ningún ser humano que se atreva a ser libre— puede dar una resolución final a este dilema. ¿Qué mostrará la próxima incisión? ¿Cuál es el verdadero camino del alma, hacia el alma? Y sin embargo, la existencia humana no puede vivir en otro terreno que no sea el de este conflicto, cuya topografía “Aprendiendo a disecar cerdos fetales” esboza con destreza quirúrgica. No tenemos alternativa, a menos que regresemos a la absoluta ignorancia y el rechazo a pensar, o renunciemos a la búsqueda de significado para la existencia humana. Hemos de preservar el “espacio para el asombro” mientras más profundamente el bisturí de la razón penetre las entrañas del “cerdo fetal”. 

Ser humano, sugiere el poema, no permite elegir entre la seguridad que un niño deriva de fantasías heredadas y el conocimiento que el adulto aprende a construir racionalmente. Necesitamos este último para alcanzar la dignidad plena. Pero también necesitamos de una fe existencial, si no ha de perecer el vivir (ecos de Unamuno).

De esta tensión no hay escape. ¿Puede haber validación más clara de ella que el fin trágico de la poeta a manos de los asesinos del régimen de Trump (grotescos, y mejor equipados clones de los “motorizados chavistas”—fuerzas irregulares usadas en Venezuela para intimidar y reprimir)?

Renée Nicole Good, víctima y testigo del poder, no pudo escapar el choque entre la fantasía del credo estadounidense (los derechos humanos, la igualdad ante la ley, el papel “protector” del Estado) y los ojos de la razón, que observan cómo se deshace la fantasía en la disección del cerdo fetal del poder real. 

Queda al descubierto la verdadera anatomía de la opresión.

Invitamos al lector a descubrir la fuerza y la vigencia de la palabra poética de Renée Nicole Good. Que su voz siga iluminando la conciencia de quienes resisten.

Aprendiendo a disecar cerdos fetales 

por Renée Nicole Macklin

quiero de vuelta mis mecedoras,

atardeceres solipsistas,

y los sonidos selváticos de la costa que son tercetos de cigarras y pentámetros de las patas peludas de cucarachas.

he donado biblias a tiendas de segunda mano  

(aplastadas en bolsas plásticas de basura junto a una lámpara de sal del Himalaya ácida—  

las biblias post-bautismo, recogidas en esquinas de calle de manos carnosas de fanáticos,  

versiones simplificadas, fáciles de leer, a las que se pegan como parásitos):

recuerdo más el olor gomoso y resbaladizo de las imágenes brillantes en los libros de biología;  

quemaban los vellos de mis fosas nasales,  

y la sal y la tinta que se pegaban a mis palmas.  

bajo recortes de luna a las dos cuarenta y cinco de la madrugada estudio&repito

             ribosoma  

             retículo endoplásmico—  

             ácido láctico  

             estambre

en el IHOP de la esquina de powers y stetson hills—

repetía y garabateaba hasta que se abría camino y se estancaba en algún lugar que ya no puedo señalar, tal vez en mis entrañas—  

tal vez ahí, entre mi páncreas y mi intestino grueso, está el arroyuelo mezquino de mi alma.

es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; dura, astillada por saberes que antes reposaban, paño en frente febril.  

¿puedo dejarlas ser? esta fe voluble y esta ciencia universitaria que se burla desde el fondo del aula

             ahora no puedo creer—  

             que la biblia y el corán y el bhagavad gita me aparten el cabello largo tras la oreja como solía hacer mamá y exhalen de sus bocas “hazle sitio al asombro”—  

todo mi entendimiento escurre por la barbilla hasta el pecho y se resume así:  

la vida es apenas  

óvulo y esperma  

y dónde esos dos se encuentran  

y cuán a menudo y cuán bien  

y lo que allí muere.


1Quien también publicó como Renée Nicole Macklin.
2Fuente: https://poets.org/2020-on-learning-to-dissect-fetal-pigs