Tema 2 del Plan de Estudios : Análisis Estratégico de la Lucha por la Liberación de Nicaragua: Una Perspectiva Basada en Para la Libertad
Introducción
Este trabajo ofrece un análisis detallado del marco estratégico para la liberación de Nicaragua, tal como se describe en el libro Para la Libertad: Propuesta estratégica y programática de los Nicaragüenses Libres. Este estudio se centra específicamente en el “Tema 2: Organización de la lucha por la liberación de Nicaragua” del “Plan de Estudios”, profundizando en los conceptos fundamentales de objetivo estratégico, enemigo estratégico, los componentes del sistema dictatorial y el papel de la violencia en la lucha política. El propósito es proporcionar una comprensión exhaustiva y de nivel experto sobre el enfoque del Movimiento de los Nicaragüenses Libres hacia un cambio sistémico, trascendiendo los cambios superficiales de régimen.
El movimiento busca cultivar la capacidad de pensamiento crítico, la valoración de la diferencia y el aprovechamiento de la diversidad, junto con el conocimiento histórico para fomentar acuerdos entre ciudadanos. Su espíritu no idolatra el consenso o la unanimidad, ya que estos son raramente alcanzables fuera del totalitarismo y no pueden ser la regla del libre autogobierno. La meta es nutrir la sociedad con la sabiduría acumulada a través de la historia para construir acuerdos mediante el diálogo, protegiendo los derechos de las minorías con barreras infranqueables.
Los derechos humanos son el paradigma y el límite de la sociedad que se anticipa y construye, una sociedad diversa y vibrante donde la disputa de ideas e intereses no sea aplastada por una sola corriente o voluntad. Se enfatiza que los derechos son para el ser humano concreto e individuado, no para construcciones abstractas como un «pueblo obediente» o un «hombre nuevo militante». El ciudadano, quien asume los costos de la lucha y la vida en sociedad, debe ser el centro de toda política y quien la refrende o rechace. En este sentido, ningún sistema de poder, régimen, gobierno o programa político puede transgredir los derechos innatos e inalienables del ser humano.
El movimiento repudia tanto el «Padre Estado» del estalinismo o fascismo, como el «Sálvese quien pueda» de los neoliberalismos, que debilitan al ser humano. La felicidad humana es la meta última de la lucha política, y esta no es posible si no es para todos, rompiendo las barreras de inequidad. Se rechazan los extremos mesiánicos que ofrecen «pan a cambio de libertad o seguridad», ya que la experiencia demuestra que esto convierte al mandamás en amo y carcelero. Asimismo, se descarta la falacia de que vivir en libertad implica abandonar a los vulnerables; por el contrario, una sociedad libre y próspera requiere combatir la pobreza, la ignorancia y la inequidad para fortalecer los lazos sociales y el progreso material. Para que la democracia sea sostenible y no se convierta en un instrumento de tiranías, es imprescindible que todos vivan con dignidad, tanto en términos de derechos humanos universales como en comparación con los estratos más altos de la sociedad.
I. El Objetivo Estratégico y el Enemigo Estratégico de la Lucha
Esta sección profundiza en la distinción fundamental entre el objetivo estratégico, que representa la meta última y a largo plazo de la contienda, y el enemigo estratégico, que encarna el sistema subyacente que perpetúa la opresión. El texto subraya que la mera remoción de la “dictadura de turno” resulta insuficiente; se requiere una transformación sistémica más profunda para evitar la recurrencia del autoritarismo.
Definición del Objetivo Estratégico
El objetivo primordial de la lucha, se señala en el texto, es la edificación de una República Democrática. Esta visión se articula con claridad: «Esa meta, que llamamos objetivo estratégico es la construcción de una República Democrática, con derechos para todos, privilegios para nadie, Estado de Derecho y la primacía de los Derechos Humanos para todos y cada uno». Esta declaración establece una visión ambiciosa y precisa para Nicaragua, que va más allá de un simple cambio de gobierno. Implica una reestructuración fundamental de la sociedad basada en derechos universales y el Estado de Derecho.
La definición de este objetivo estratégico responde directamente a un patrón histórico en Nicaragua. El documento señala que transiciones anteriores llevaron a «lo mismo de siempre, o peor: transiciones de gobiernos falsamente democráticos que son nada más puentes de una dictadura a la otra». Esto revela que la incapacidad de definir un objetivo de verdadera república democrática en el pasado fue una causa directa de la perpetuación de ciclos dictatoriales. Por lo tanto, el ambicioso objetivo estratégico del movimiento actual se presenta como una respuesta explícita y una solución propuesta a este patrón de transiciones fallidas. Se deduce que cualquier solución que no apunte a esta transformación radical conducirá inevitablemente a un retorno al autoritarismo. El Movimiento de los Nicaragüenses Libres entiende que la caída de un régimen no es el fin de la lucha, sino el comienzo de un arduo trabajo para construir relaciones sociales, económicas y políticas más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión. Como Gene Sharp advierte, «La caída de un régimen no trae una utopía. Más bien, abre el camino para un trabajo duro y largos esfuerzos para construir relaciones sociales, económicas,y políticas más justas y la erradicación de otras formas de injusticias y opresión».
Identificación del Enemigo Estratégico
El enemigo estratégico se define como el sistema de poder que genera las dictaduras. Se describe como un poder que reside en la acumulación de riquezas e instrumentos de represión y mando por parte de unas pocas familias, clanes e instituciones. La espina dorsal del sistema es la oligarquía, con todos los medios a su servicio, desde los de comunicación hasta sus enlaces de negocios y políticos internacionales, junto con los estamentos militares, e incluso elementos de las cúpulas religiosas del país. Esta definición esclarece que la lucha no se dirige contra un individuo específico, como el actual gobernante, sino contra una problemática sistémica arraigada y duradera. La oligarquía se posiciona como el núcleo de esta estructura de poder persistente, sostenida por diversos instrumentos de control. Como señala Gene Sharp, «Las dictaduras suelen existir principalmente debido a la distribución interna del poder en el país de origen. La población y la sociedad son demasiado débiles para causar problemas serios a la dictadura, la riqueza y el poder se concentran en muy pocas manos». Además, para comprender la naturaleza de este enemigo, es crucial identificar las fuentes de su poder. Sharp explica que «si se pueden identificar las fuentes del poder de un gobierno —personas que trabajan en el servicio civil, policía y jueces, incluso el ejército— entonces se sabe de qué depende una dictadura para su existencia».
La identificación de la oligarquía como la «espina dorsal» del enemigo estratégico pone de manifiesto una tendencia subyacente crítica: la continuidad de las estructuras de poder a pesar de los cambios de liderazgo o etiquetas políticas. Esto sugiere que, incluso si la «dictadura de turno» es eliminada, el problema sistémico persistirá a menos que el poder oligárquico sea desmantelado. Esta conexión implica que el poder económico subyace y habilita el autoritarismo político, con la oligarquía, a través de la acumulación de riqueza y el control de los medios de represión, generando y sosteniendo activamente estos regímenes dictatoriales, independientemente de quién ostente el poder en un momento dado. La lucha, por tanto, no es solo política, sino fundamentalmente económica, dirigida a la base misma de la distribución del poder.
La Relación entre Ambos
El texto enfatiza que la dictadura actual, compuesta por el clan Ortega-Murillo, el FSLN, las fuerzas represivas, el Gran Capital y las jerarquías religiosas, es simplemente la «versión actual» de este enemigo estratégico. El objetivo inmediato de «desarticular a la dictadura de turno» se presenta como un paso necesario, pero no el final, para evitar «lo mismo de siempre». El objetivo no es arrasar con todo, sino eliminar algunas partes (clan Ortega-Murillo, clan FSLN, Ejército y Policía Nacionales, fuerzas paramilitares), reducir el poder económico y someter a las leyes democráticas a otras (Gran Capital), y separar a otras del aparato del poder político (las Iglesias). Eliminar no significa aniquilar físicamente, sino hacer desaparecer institucionalmente, juzgando a los responsables de crímenes dentro de los límites de los Derechos Humanos. Reducir el poder económico del Gran Capital no implica expropiaciones, sino someterlo a las leyes democráticas, impidiendo que manipulen el crédito o recurran a la corrupción para obtener exenciones fiscales. En cuanto a las Iglesias, un Estado laico impedirá que la corrupción del Estado las corrompa o que dogmas religiosos se impongan mediante la manipulación política.
Esta distinción entre el objetivo inmediato (la «dictadura de turno») y el enemigo último (el «sistema de poder oligárquico») implica un imperativo estratégico en múltiples etapas. La primera fase consiste en el derrocamiento del régimen actual, pero la etapa más profunda y desafiante implica el desmantelamiento de las raíces sistémicas del autoritarismo. Esto significa que el movimiento debe mantener su vigilancia y su agenda transformadora incluso después de la victoria inicial, evitando una «transición falsa» que simplemente reemplace a un dictador por otro que sirva a la misma estructura de poder subyacente. Esta comprensión es crucial para evitar los escollos históricos y asegurar un resultado democrático duradero, reconociendo la inestabilidad inherente de cualquier transición que no aborde el poder oligárquico. Es fundamental reconocer que «los dictadores no se dedican a permitir elecciones que puedan sacarlos de sus tronos» , lo que subraya la necesidad de una estrategia que vaya más allá de las vías convencionales para lograr un cambio real y duradero.
II. El Sistema Dictatorial: Componentes y Estructura
Esta sección desglosa el “sistema dictatorial” identificando sus componentes clave y analizando sus roles e interrelaciones. El texto enfatiza que este sistema es una articulación compleja de diversas fuerzas, no solo un individuo o una institución singular. Comprender estos componentes es crucial para desarrollar estrategias efectivas que permitan desmantelar la dictadura.
Componentes del Sistema Dictatorial
El sistema dictatorial en Nicaragua se caracteriza por una compleja red de actores y estructuras que interactúan para mantener el poder.
Clan Ortega-Murillo
Este clan se identifica como los «enemigos irreconciliables, obstáculos que hay que destruir en nuestro camino a la República Democrática» y las «caras visibles y centrales dentro de la dictadura actual». Su eliminación se considera necesaria, pero el texto aclara que «eliminar no es necesariamente matar, aniquilar fisicamente, sino que se refiere a hacer desaparecer institucionalmente». Esto subraya un compromiso con los principios de derechos humanos, incluso al derrocar un régimen brutal. Como Gene Sharp observa, «los dictadores no se dedican a permitir elecciones que puedan sacarlos de sus tronos» , lo que refuerza la idea de que su remoción requerirá una acción decisiva y no una mera participación electoral.
La permanencia del clan Ortega-Murillo en el poder choca directamente con la esperanza de una vida pacífica para los ciudadanos y con el bienestar de la mayoría de los emprendimientos económicos, lo que convierte su remoción en una necesidad tanto económica como política. La comisión de genocidio en 2018 y los crímenes de lesa humanidad subsiguientes han hecho que su permanencia en el poder, la conservación de su riqueza, libertad e incluso vida, sean prácticamente sinónimos para el clan. Esta situación crea un ciclo de auto-preservación que impulsa una represión extrema, haciendo que una salida negociada sea altamente improbable, ya que equivaldría a su «suicidio».
Clan FSLN
Descrito como los «restos de lo que otrora fuera una organización política que luchó denodadamente contra la dictadura que estuvo de turno desde 1934 hasta el 79… pero luego instaló desde el poder una década de terror». Su membresía se mantiene mediante «corrupción, el clientelismo y el paramilitarismo». La evolución del FSLN de una fuerza revolucionaria a un «clan» sostenido por la corrupción y el paramilitarismo ilustra una tendencia recurrente en la política nicaragüense: la cooptación y corrupción de los movimientos revolucionarios una vez que alcanzan el poder, lo que lleva a nuevas formas de autoritarismo. Esto sugiere un patrón en el que los medios, como la violencia y el clientelismo, utilizados para obtener el poder, se convierten en los fines para mantenerlo, independientemente de las afirmaciones ideológicas iniciales.
Ejército y Policía
Las cúpulas de estas instituciones están «íntimamente ligada[s] al clan Ortega-Murillo» y sus intereses están «atados de manera estrecha a los de estos». Se les considera «enemigos de la democratización de Nicaragua». Sin embargo, el texto también señala que «no todos los soldados y policías son criminales» y muchos están «atrapados política, económica y militarmente dentro de la institución». Esta contradicción interna dentro de las fuerzas represivas, donde la cúpula es cómplice pero la base puede albergar descontento, abre una vía potencial para la fractura interna, que el movimiento podría explotar. La estrategia debe diferenciar entre el liderazgo criminal y los rangos inferiores potencialmente simpatizantes. Gene Sharp destaca que «si se pueden identificar las fuentes del poder de un gobierno —personas que trabajan en el servicio civil, policía y jueces, incluso el ejército— entonces se sabe de qué depende una dictadura para su existencia». Esta perspectiva es crucial para entender cómo desmantelar el apoyo institucional al régimen.
Fuerzas Paramilitares y de Control Ciudadano
El FSLN ha organizado fuerzas paramilitares utilizando a su militancia movilizada en los años 80, y ha creado «grupos de choque» con organizaciones juveniles y pandillas de barrios marginales, armados y entrenados por el ejército y la policía. El uso de estas fuerzas representa una extensión informal y a menudo brutal de la represión estatal en la sociedad civil, difuminando las líneas entre actores estatales y no estatales. Esto indica un régimen que se apoya no solo en la autoridad legal, sino también en la violencia extralegal y la cooptación de jóvenes vulnerables, lo que dificulta la organización y resistencia de la población. También sugiere la disposición del régimen a externalizar la violencia y mantener la negación.
El Gran Capital (Oligarquía)
Este sector «continúa siendo pilar fundamental del poder, por su desproporcionada riqueza, su influencia sobre los políticos de oposición, y sus relaciones internacionales». Logró «hacer descarrilar… la insurrección cívica que estuvo a pocos pasos de derrocar a la dictadura». Esto resalta el poder duradero de la oligarquía y su papel en la preservación del sistema dictatorial, incluso mediante la colaboración con el régimen actual. Su influencia se extiende a la cooptación de partes de la oposición.
El texto afirma que la oligarquía «choca con el objetivo estratégico de la República Democrática», pero también que «una alianza táctica con él no es imposible». Esto revela una contradicción clave: la oligarquía es un enemigo sistémico, pero puede ser un aliado táctico si su supervivencia se ve amenazada por el régimen actual. Esto implica una dinámica de poder compleja y fluida, donde las alianzas son oportunistas y motivadas por la auto-preservación, no por valores democráticos compartidos. El «pacto de diálogo y consenso» se presenta como un mecanismo a través del cual la oligarquía buscó proteger sus intereses y desbaratar el levantamiento popular, exponiendo una colaboración oculta con la dictadura contra el cambio democrático. Esta situación se alinea con la observación de Gene Sharp de que «las dictaduras suelen existir principalmente debido a la distribución interna del poder en el país de origen. La población y la sociedad son demasiado débiles para causar problemas serios a la dictadura, la riqueza y el poder se concentran en muy pocas manos» , lo que explica la capacidad de la oligarquía para influir en la continuidad del sistema.
Iglesias (Cúpulas Religiosas)
Se observa una división dentro de las instituciones religiosas: «El clan Ortega-Murillo sabe que ni el cardenal Brenes ni la mayoría de la Conferencia Episcopal lo han traicionado… pero sabe también que, en la gran masa, y la gran tradición, que es la Iglesia Católica de Nicaragua, dichas figuras son insignificantes, y hasta despreciadas». Esto indica que la jerarquía podría estar comprometida o cooptada, mientras que la base y gran parte del clero permanecen alineados con el sufrimiento del pueblo.
La distinción entre la «Iglesia-jerarquía» y la «Iglesia-pueblo» revela que la influencia del régimen no es monolítica en todas las instituciones sociales. Aunque la jerarquía pueda estar comprometida, la comunidad religiosa en general (feligreses, clero de base) sigue siendo una fuente potencial de resistencia y movilización. Esto implica que el control del régimen, aunque extenso, no es absoluto y enfrenta desafíos internos incluso en sectores aparentemente cooptados.
La Sociedad Debajo del Sistema de Poder: La Mayoría Opositora
La mayoría social opositora en Nicaragua presenta fronteras borrosas entre grupos e intereses, así como en sus formas de organización y articulación. Esta condición es, en parte, un reflejo de más de cuatro décadas de despolitización de la población, tanto bajo despotismos del FSLN como bajo gobiernos «neoliberales».
Despolitización y Atomización Social
Desde un principio, el autoritarismo ha dirigido sus ataques contra grupos que fueron importantes en la lucha contra dictaduras anteriores. El movimiento obrero, por ejemplo, fue una de las primeras víctimas, con sus organizaciones destruidas o cooptadas y reemplazadas por otras obedientes a la nueva dictadura. Esta «condición gaseosa» de la mayoría opositora se arraiga en la enorme informalidad económica del país, lo que dificulta la creación de hábitos de organización militante cohesionada en torno a centros de trabajo e intereses económicos compartidos. La informalidad económica, además, genera una gran población flotante, una sociedad con amplia marginalidad y un escaso sentido del orden, un terreno fértil para la emergencia de figuras autoritarias.
Deterioro de la Educación
A esto se suma el dramático deterioro de la educación, iniciado irónicamente por la primera dictadura del FSLN. Nicaragua se distingue por regímenes que no solo son antidemocráticos, sino que destruyen la infraestructura, incluyendo el «capital humano». Disminuir la formación académica, como han hecho todos los gobiernos desde 1979, es privar a la población de esperanza y reducir su capacidad de entendimiento y lucha organizada. La baja posición de Nicaragua en mediciones de Coeficiente Intelectual no refleja una falta de inteligencia innata, sino las enormes desigualdades y carencias, como la falta de acceso a educación de calidad, explotación y opresión. La destrucción del sistema educativo nacional no es un accidente, sino la prueba de una confluencia de intereses que lleva a la indiferencia y falta de empatía de los poderosos hacia los que no lo son, reflejando una distribución grotescamente desigual del poder en la sociedad nicaragüense.
La Reivindicación Unificadora y los Componentes de la Oposición
A pesar de la atomización, existe una reivindicación unificadora que atraviesa transversalmente la sociedad y posiciona a su inmensa mayoría en la oposición a la dictadura actual. El fracaso económico, el carácter socialmente reaccionario y el despotismo criminal del modelo oligárquico-colonial, surgido del pacto fascista FSLN-Gran Capital, chocan estructuralmente con los intereses de la mayoría. El régimen no puede evolucionar ni satisfacer las necesidades de la población excluida sin perder el poder.
Dentro de esta mayoría social opositora, se identifican agrupamientos de población que son víctimas sensibles del sistema oligárquico-autoritario y fuerzas potencialmente vitales para la articulación de un movimiento popular democrático :
- Jóvenes urbanos pobres, privados de educación y oportunidades.
- Estudiantes, particularmente universitarios y de secundaria.
- Campesinos, especialmente los organizados recientemente en la ruta del canal.
- Trabajadores agrícolas, particularmente en los ingenios de la oligarquía.
- Trabajadores urbanos del sector manufacturero, nacional y de zonas francas.
- Empleados del Estado, particularmente maestros y el sector salud.
- Empresarios de micro, pequeños, medianos, e incluso algunos grandes negocios, fuera del ámbito de la oligarquía.
- Policías y soldados no implicados en crímenes.
- Feligreses, clero y religiosos.
La agenda de lucha y el programa político del movimiento popular democrático deben responder al reto de impulsar la organización, la conciencia y la participación en el poder de estos segmentos vitales para la construcción de la República Democrática.
III. El Papel de la Violencia en la Lucha Política
Esta sección examina el complejo y a menudo controvertido papel de la violencia dentro de la estrategia del Movimiento de los Nicaragüenses Libres. El texto aborda falacias comunes sobre la violencia, afirmando el derecho del pueblo a la autodefensa, al tiempo que aboga por un enfoque predominantemente no violento y de movilización masiva como el camino más efectivo y de menor costo hacia la liberación.
Rechazo de la «Paz Falsa» y Justificación de la Violencia
El movimiento rechaza una «paz» que se logra mediante la sumisión a la opresión. Se declara: «No aceptamos ser esclavos, no aceptamos obedecer para preservar la calma injusta que algunos justifican y bautizan como “paz”. Esa “paz” es falsa, porque hay violencia de una parte, los opresores, contra otra, los oprimidos». Esta afirmación redefine la paz no como la ausencia de conflicto, sino como la presencia de justicia y libertad. Se postula que un estado de «paz» bajo una dictadura es una forma de violencia estructural, lo que legitima el derecho de los oprimidos a la contraviolencia como un imperativo moral para la liberación. Esto desafía las nociones convencionales de pacifismo que podrían, sin intención, fortalecer a los regímenes autoritarios. Hannah Arendt, en su análisis, sostiene que «la violencia no es más que la manifestación más flagrante del poder» 6, lo que subraya la inherente conexión entre la opresión y la violencia estatal. Además, Arendt distingue entre poder y violencia, afirmando que «el poder y la violencia son opuestos; donde uno gobierna absolutamente, el otro está ausente. La violencia aparece donde el poder está en peligro, pero si se deja seguir su curso, termina en la desaparición del poder».7 Esta perspectiva sugiere que la violencia del régimen es una señal de su propia vulnerabilidad.
En este contexto, el pueblo tiene el derecho a la violencia armada y a la insurrección frente a la violencia de los opresores. Se considera un derecho a la defensa propia y una obligación de proteger a las familias y compatriotas vulnerados por un poder criminal. Esto establece un derecho inherente a la resistencia, incluyendo la lucha armada, cuando se enfrenta la violencia y opresión patrocinadas por el Estado. Gene Sharp añade que «si la gente no tiene miedo de la dictadura, esa dictadura está en grandes problemas» , lo que resalta la importancia de superar el miedo para ejercer este derecho.
Elección Estratégica: Movilización Masiva Predominantemente No Violenta
A pesar de afirmar el derecho a la violencia, el Movimiento de los Nicaragüenses Libres opta por una estrategia que considera más efectiva y de menor costo humano. Se ha decidido «no concentrar nuestros esfuerzos en la creación de un ejército para, con una estrategia militar, enfrentar a la dictadura». En cambio, la estrategia consiste en el desarrollo de un «movimiento popular democrático que haga al país ingobernable para los dictadores de turno o para cualquier régimen no democrático que los suceda».
Esta elección estratégica no es un rechazo ideológico a la violencia, sino una evaluación pragmática de la asignación óptima de recursos. Al evitar concentrar esfuerzos en la creación de un ejército, el movimiento elude confrontar la dictadura en su punto fuerte (el control militar) y, en cambio, aprovecha la abrumadora superioridad numérica del pueblo. Esto refleja una comprensión sofisticada de la guerra asimétrica, donde la estrategia más efectiva explota las vulnerabilidades del enemigo, como la falta de legitimidad popular, en lugar de enfrentar directamente sus fortalezas. El objetivo es maximizar el impacto minimizando el costo humano. Esta elección estratégica se alinea con la visión de Gene Sharp, quien argumenta que «al depositar la confianza en medios violentos, se ha elegido el mismo tipo de lucha en el que los opresores casi siempre tienen superioridad». Sharp enfatiza que «la lucha no violenta es el medio más poderoso disponible para aquellos que luchan por la libertad» , y que «tan pronto como eliges luchar con violencia, eliges luchar contra las mejores armas de tus oponentes y tienes que ser más inteligente que eso». La movilización masiva no violenta, según Sharp, «implica oponerse al poder del oponente, incluida su capacidad policial y militar, no con las armas elegidas por él, sino por medios muy diferentes».
Refutación de la Falacia «La Violencia Solo Produce Dictadura»
El texto desafía directamente la falacia propagada por las élites de que «la violencia solo ––y siempre–– produce dictadura», calificándola de «Falsedad histórica total». Se reconoce que la violencia política no siempre conduce a la democracia, pero se afirma que «en la historia de la humanidad, la democracia ha nacido o renacido por medio de la utilización, principal o auxiliar, de la violencia». Esta postura confronta un argumento común utilizado por las élites para desalentar los levantamientos populares y se fundamenta en la evidencia histórica, reconociendo la compleja relación entre la violencia y las transiciones democráticas. Hannah Arendt, por su parte, señala que «la violencia puede destruir el poder; es absolutamente incapaz de crearlo» 6, lo que matiza la relación entre violencia y construcción democrática. Sin embargo, Gene Sharp complementa esta idea al afirmar que «las dictaduras nunca son tan fuertes como creen, y la gente nunca es tan débil como cree» , lo que sugiere que la percepción de la fuerza del régimen es a menudo una ilusión que puede ser desmantelada por la resistencia popular.
La refutación explícita de esta falacia es un acto crucial de deconstrucción de las narrativas de las élites. Esta narrativa, difundida por «las élites del sistema de poder» e incluso por «antiguos revolucionarios» ahora aliados con el Gran Capital, busca desempoderar a la población desalentando cualquier forma de acción radical. Al desmentir esta afirmación, el movimiento busca restaurar la agencia y la comprensión histórica del pueblo, demostrando que la violencia, cuando es necesaria y se aplica estratégicamente, especialmente para desmantelar un sistema inmutable, puede ser un catalizador para el nacimiento o el renacimiento democrático. Este es un acto de liberación intelectual, que empodera a los ciudadanos para evaluar críticamente sus opciones.
IV. Estrategia y Mensaje del Movimiento
Esta sección profundiza en la estrategia del Movimiento de los Nicaragüenses Libres, abordando la necesidad del derrocamiento, la refutación de narrativas engañosas, la importancia de la unidad y el lenguaje preciso en la lucha por la liberación.
El Derrocamiento y la Revolución Democrática
El Movimiento de los Nicaragüenses Libres persigue el derrocamiento de la dictadura de turno y de cualquier régimen no democrático que se instale en el poder, ya sea por golpe de Estado, pacto doméstico o intervención extranjera. Se descarta como irrealista que la pareja genocida Ortega-Murillo y su círculo cercano estén dispuestos o sean capaces de evolucionar hacia la democracia a través de pactos electorales, ya que ceder el poder equivaldría a su suicidio.
Los estudiosos de conflictos históricos aclaran que, cuando un sistema no puede modificarse por evolución, necesita desmantelarse por revolución. Una revolución no siempre implica violencia armada total, sino desarmar un sistema que no puede cambiar, para luego construir uno nuevo en libertad. El movimiento entiende que Ortega-Murillo no pueden pasar de genocidas a demócratas, por lo que la «revolución democrática» es indispensable para abrir las puertas a una República Democrática. La dictadura actual es un cuerpo osificado, rígido e incapaz de respetar los derechos humanos, por lo que una ruptura es necesaria para que Nicaragua transite de la tiranía al Estado de Derecho, la libertad y la democracia.
La Falsa Narrativa de «Diálogo y Elecciones»
El movimiento rechaza las narrativas engañosas que sugieren que «elecciones libres» o una «montaña de votos» harán que la dictadura abandone la Presidencia, abriendo una puerta «cívica» a la democracia. En primer lugar, se necesita un movimiento poderoso para obligar a la dictadura a retroceder, y la experiencia de 2018 demostró que no basta con hacerlos retroceder sin eliminarlos del poder y someterlos a la justicia, ya que de lo contrario pueden recuperar la iniciativa y salvar el sistema.
En segundo lugar, «dejar la Presidencia» no es lo mismo que «dejar el poder». Durante 16 años, los actuales tiranos estuvieron alejados de la Presidencia, pero continuaron amasando poder, acumulando crímenes y destruyendo instituciones. Su consigna de «gobernar desde abajo» puede cumplirse mientras controlen el poder real: Ejército, Policía, Sistema Judicial, Servicios de Inteligencia, Grupos de Choque y Escuadrones de la Muerte. Todo este aparato de poder es irreformable y sirve a una élite asesina.
Por último, la «vía electoral», falsamente confundida con «vía cívica», legitima la participación de los dictadores, lo que inevitablemente implica impunidad por sus crímenes pasados, presentes y futuros. Sin este incentivo, los dictadores no aceptarían tal arreglo. Esta falsa vía deja el poder real de la dictadura intacto, impide la transición a una sociedad libre y es una receta para más asesinatos, como los ocurridos en los años noventa sin denuncia de los socios del pacto Chamorro-Lacayo-Ortega.
La Estrategia de los Nicaragüenses Libres
Ante la certeza de que la salida voluntaria del poder real del Clan Ortega-Murillo tiene probabilidad CERO, y que el objetivo estratégico es la República Democrática, el movimiento opta por una estrategia que no da prominencia inicial a la violencia armada. Se reconoce el derecho a la defensa propia y se considera altamente probable que la violencia armada, ya ejercida por la dictadura, se revierta en las fases finales de la lucha.
Sin embargo, se considera que una estrategia política, sesgada hacia la acción ciudadana no violenta, es más efectiva y de menor costo humano que una que busque construir una fuerza militar a la cabeza del movimiento popular. Esta estrategia política requiere la construcción de un movimiento popular democrático beligerante y fuerte, esencial para fundar la República Democrática, tanto en un escenario de sublevación popular como para impulsar la democratización en otros escenarios donde fuerzas no democráticas intenten restaurar la estabilidad del sistema de poder.
La estrategia se resume en desarrollar un movimiento popular democrático que haga el país ingobernable para los dictadores de turno o sus sucesores no democráticos. Esto se logrará mediante múltiples formas de movilización social, tácticas defensivas u ofensivas, y métodos principalmente no violentos, utilizando la violencia solo cuando sea necesario para alcanzar la paz en libertad. Este movimiento no se detiene después del derrocamiento, sino que continúa para desarticular el sistema de poder y reemplazarlo con una estructura nueva, de poder disperso en manos de instancias ciudadanas, con un Estado descentralizado y una capacidad represiva disminuida (sin Ejército ni Policía Nacional). El objetivo es construir un Estado que administre la cosa pública bajo principios y métodos democráticos, lo que se denomina República Democrática. El movimiento enfrentará cualquier régimen futuro que obstaculice el camino hacia la República Democrática y no se extinguirá después de su fundación, sino que buscará establecer instituciones que aseguren la dispersión del poder político y reduzcan la concentración excesiva del poder económico de la oligarquía. La participación permanente de los ciudadanos es vital para que la República Democrática no muera y para proteger los derechos humanos.
Unidad, Nosepuedismo y Diversidad
La unidad total entre todos los que adversan a la dictadura actual no es posible, ya que existe una división fundamental entre quienes se contentan con un cambio cosmético de nombres en el poder y quienes buscan un cambio de sistema. Los adversarios del Clan Ortega-Murillo que no buscan un cambio de sistema rechazan los esfuerzos por una verdadera democratización y se oponen al derrocamiento, repitiendo el «sermón del nosepuedismo».
La afirmación «No se puede» derrocar una dictadura es una mentira desmentida por la historia, y lógicamente, el discurso nosepuedista equivale en la práctica al continuismo. Una estrategia nosepuedista significa que la dictadura continúa, con o sin los dictadores actuales, lo que para el movimiento equivale a decir «el comandante se queda». Aunque los conflictos internos del sistema de poder (como entre el Clan Ortega-Murillo y la oligarquía) pueden abrir la posibilidad de alianzas tácticas circunstanciales, la estrategia de lucha del movimiento popular democrático no puede subordinarse a esta posibilidad, dada la defensa de privilegios por parte del Gran Capital.
El movimiento sostiene que «La Unidad no hace la fuerza, la fuerza hace la unidad». Cuando una idea cobra fuerza en la población y los liderazgos políticos la abrazan, se produce la fuerza política para iniciar procesos de cambio. El movimiento busca el acercamiento con el pueblo, organizándose políticamente y dando voz al sueño de libertad sin componendas ni corrupción, articulando una estrategia y programa que dé forma clara a la meta de la República Democrática.
La búsqueda de la unidad no puede reemplazar la lucha por la libertad. Los «nosepuedistas» usan la «búsqueda de la unidad» como excusa para la inacción, esperando que «otras fuerzas» (Departamento de Estado, OEA, Unión Europea) presionen a los dictadores para abrir un «espacio de negociación» que lleve a «elecciones libres», lo que ellos llaman «la vía cívica». Mientras tanto, la dictadura sobrevive y el sufrimiento del pueblo se profundiza. Unir a quienes quieren un nuevo sistema con quienes quieren mantener el viejo sistema autoritario es prácticamente imposible. La justificación de los que quieren mantener el sistema para su infructífera «búsqueda de unidad» es implorar la intervención extranjera para que desplacen a los dictadores y los instalen a ellos en el poder, sin cambios de fondo en el sistema.
El Lenguaje de la Lucha
El lenguaje es crucial para el progreso de la causa del movimiento, ya que define y refleja sus metas; es su principal arma, y las ideas son su mayor poder. El camino se aclara si las ideas se expresan con claridad.
Es de interés estratégico que los ciudadanos entiendan la dictadura como un sistema de poder autoritario, cuyo cambio de apellido no es la meta, sino un cambio de sistema. Reiterar el uso de «la dictadura de turno» es importante para insistir en la idea de un sistema permanente detrás de un régimen tiránico temporal, cambiando la mentalidad de que el problema es un dictador específico. También es necesario superar la falsa noción de que el problema reside en una corriente ideológica particular, ya que las ideologías europeas como «izquierda» y «derecha» tienen menos peso en los regímenes nicaragüenses que la estructura de poder heredada y su cultura asociada. Por ello, gritar «que se vayan» o caracterizar la dictadura como «sandinista» o «narcodictadura» es insuficiente para construir una conducción política para el movimiento popular democrático.
La respuesta a «¿quiénes se van?» no puede limitarse al Clan Ortega, ya que es solo una parte de la cúspide del sistema. La lucha es contra el sistema, que, aunque «se vayan», continuará siendo una estructura autoritaria que tarde o temprano creará otros apellidos para la dictadura. El propósito es acabar con el sistema que hace posible la dictadura del Frente Sandinista, como antes hizo posible la del «somocismo». La designación «narcodictadura» también es insuficiente, ya que el narcotráfico no es el hilo conductor histórico que crea y mantiene las dictaduras en Nicaragua.
Se debe reiterar que «la dictadura es una articulación de fuerzas que incluye al clan Ortega-Murillo, el clan FSLN, las fuerzas represivas, el Gran Capital y algunas cúpulas religiosas». El propósito es «derrocar a la dictadura», lo que implica desarticular sus fuerzas: destruir algunas partes (clan FSLN y clan Ortega), separar otras del poder (iglesias), someter otras a leyes democráticas (Gran Capital), y crear una nueva articulación con el ciudadano en el centro.
Los adversarios del cambio de sistema aborrecen la palabra «derrocamiento» y la vilifican, asociándola con violencia irracional. Sin embargo, el lenguaje del movimiento enseña con transparencia que la dictadura de turno no puede evolucionar hacia la democracia, porque quienes la encabezan no pueden abandonar el poder real (el poder de matar y reprimir) sin perderlo todo, incluso sus vidas, debido a acusaciones de crímenes de lesa humanidad. Por tanto, no «se van», hay que sacarlos «por la fuerza». La «revolución democrática» es indispensable para alcanzar la República Democrática, ya que la dictadura actual es un cuerpo osificado sin capacidad de respetar los derechos humanos, lo que exige una ruptura para transitar a un Estado de Derecho, libertad y democracia.
La afirmación «hay que sacarlos por la fuerza» tiene dos dimensiones: primero, reconocer que para desarticular el sistema dictatorial, hay que descabezarlo, y el Clan Ortega-Murillo está a la cabeza. Segundo, la fuerza que los acabará puede ser variada (muerte natural, sublevación popular, golpe cívico-militar, implosión, explosión social). No es posible predecir el escenario, pero se tiene la certeza de que la probabilidad de que el Clan Ortega y las cúpulas represivas acepten elecciones libres, su derrota y se entreguen a la justicia es CERO. Además, su desaparición no implica automáticamente una transición a la democracia, a menos que sea una sublevación popular con conducción política beligerante y principios democráticos que funde una República Democrática.
Conclusión
El análisis del “Tema 2” de “Para la Libertad” revela un marco estratégico profundamente elaborado que trasciende las llamadas simplistas a un mero cambio de régimen. El Movimiento de los Nicaragüenses Libres distingue claramente entre el objetivo inmediato, la dictadura de Ortega-Murillo, y el enemigo estratégico duradero, el sistema de poder oligárquico. Se reconoce que la verdadera liberación exige el desmantelamiento de este último.
El enfoque del movimiento sobre la violencia es pragmático y éticamente fundamentado. Si bien se afirma el derecho a la autodefensa, se prioriza la movilización masiva no violenta como el camino más efectivo y de menor costo para hacer que el país sea «ingobernable». Esta postura estratégica, combinada con la disposición a desmantelar narrativas que buscan desempoderar a la población, posiciona al movimiento para lograr un resultado transformador, en lugar de una mera transición. El énfasis en una asamblea constituyente democrática y la dispersión del poder son elementos críticos de esta visión a largo plazo, con el objetivo de romper el ciclo histórico de autoritarismo en Nicaragua.
Nicaragüenses Libres, 2025


