¿Para qué sirve todo lo que hemos aprendido si no aprendemos a vivir juntos?

Nunca habíamos sabido tanto.

Podemos intervenir en nuestros genes, trasplantar órganos, observar galaxias remotas y construir máquinas capaces de procesar cantidades inmensas de información.

Y, sin embargo, seguimos dedicando una parte enorme de nuestra inteligencia a protegernos unos de otros.

Cada generación dispone de una cantidad limitada de tiempo, dinero, conocimiento, capacidad industrial, talento científico y voluntad política. Lo que empleamos en una cosa deja de estar disponible para otra.

Por eso una guerra cuesta mucho más que lo que aparece en un presupuesto militar.

Cuesta la inteligencia de quienes diseñan armas, los materiales y la energía para fabricarlas, las fábricas que las producen, el dinero para comprarlas y el trabajo de quienes deben aprender a utilizarlas o defenderse de ellas.

Y después cuesta otra vez.

Hay que reconstruir hospitales, viviendas, escuelas, carreteras y sistemas de agua que ya habíamos construido. Atender a los heridos, recuperar economías y rehacer vidas.

No se trata de imaginar que un país pueda prescindir de su defensa mientras existan amenazas. La paradoja es que hemos construido un sistema en el que el miedo de unos alimenta el miedo de los otros y cada respuesta justifica la siguiente.

Pero el costo mayor quizá sea el que nunca aparece entre los escombros: todo aquello que dejamos de hacer.

Mientras una parte extraordinaria del talento humano se ocupa de destruir, evitar la destrucción y reconstruir lo destruido, ese mismo talento no está resolviendo desnutrición, enfermedades prevenibles, educación, acceso al agua, residuos, degradación ambiental, convivencia y sentido de vida.

Porque incluso si algún día consiguiéramos resolver nuestras grandes carencias materiales, todavía quedaría algo pendiente.

Aprender qué hacemos con el miedo, con el poder, con la necesidad de pertenecer y con ese ego que puede crecer desde una persona hasta una nación.

Quizá esa sea la diferencia entre conocimiento y sabiduría. El primero nos permite hacer cosas extraordinarias. La segunda debería ayudarnos a decidir cuáles merece la pena hacer.

Después de todo lo que hemos aprendido, queda una pregunta sorprendentemente elemental:

¿Para qué sirve saber tanto si todavía no hemos aprendido a vivir juntos?

Oky Argüello
Oky Argüello es una escritora centroamericana radicada en España. Es autora de los bestseller El Coleccionista y Cuando la palabra sueña, además de otros libros de poesía y cuento. Con formación doctoral en Psicología y estudios multidisciplinarios, su trabajo se centra en el análisis contemporáneo de sistemas sociales y culturales, que desarrolla en distintos formatos, entre ellos Radar Oky (Substack).

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