Deshojando la margarita de la paz
Me quiere, no me quiere, me quiere…
Hay días en que seguir la política internacional se parece sospechosamente a deshojar una margarita:
Paz.
Guerra.
Negociación.
Amenaza.
Paz.
Negociación otra vez.
Y vuelta a empezar.
Mientras tanto, los mercados intentan interpretar señales. Los aliados buscan certezas. Los ciudadanos procuran entender qué está ocurriendo.
La paz nunca ha sido sencilla.
Requiere paciencia, constancia y, sobre todo, dirección.
No se construye con un anuncio.
Ni con una fotografía.
Ni con una conferencia de prensa.
Se construye sosteniendo decisiones difíciles durante largos períodos de tiempo.
Por eso resulta tan complicado distinguir entre estrategia e improvisación cuando los mensajes cambian constantemente.
O quizás estemos confundiendo movimiento con avance.
Porque avanzar y dar vueltas no siempre son la misma cosa.
La paz es una planta delicada.
Resulta difícil cultivarla si cada mañana arrancamos un pétalo distinto.
Porque la paz no necesita más pétalos.
Necesita raíces.


