El sandinismo gobierna Nicaragua desde 1979

Manuel Fabien Aliana
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El clan Sandinista implementó un perfeccionado modelo económico que elevó a rango constitucional: el CORPORATIVISMO. Ese modelo político-económico sólo se puede implementar en un país donde los que controlan el poder controlan también las redes de información, corrupción, chantaje e impunidad judicial.

Aún sin estar en el poder ejecutivo, el Sandinismo nunca dejó de gobernar entre 1990 y 2006 gracias a :

  • Un marco Constitucional sandinista de 1987: no olvidemos que toda nuestra vida cívica, profesional y política transcurre en un marco Constitucional.
  • Sus cuadros súbditos y fieles de los ochenta que se mantuvieron en puestos claves en la policía, en el ejército, organizaciones sindicales y gremiales.
  • Su red de informantes, espías, sicarios, prostituta/os y  guardias de seguridad que le permiten colectar información personal sobre amigos, opositores, empresarios, artistas, estudiantes, docentes, políticos, luchadores sociales y ambientales. Con toda esa información el FSLN se puede dar el lujo de chantajear, callar, extorsionar o amenazar de muerte a cualquiera.

SEGUNDA PARTE DE MI REFLEXIÓN: SI EL FSLN YA GOBERNABA SIN ESTAR EN EL EJECUTIVO,  ¿POR QUÉ TUVO LA NECESIDAD DE VOLVER A CONQUISTAR EL PODER EJECUTIVO?

Si el FSLN volvió al poder en la figura del bachiller en 2006, es porque Nicaragua ya iba encaminada a superar un modelo autoritario gracias a su juventud. Me refiero a esa juventud que no fue contaminada por la guerra ni el odio. Una juventud sumamente empática a los problemáticas sociales, conocedora de la gestión pública, sensible ante lo creativo y a favor de una comunidad más inclusiva. Una juventud compuesta de estudiantes, profesores, docentes, jóvenes trabajadores, micros, pequeños y medianos emprendedores, líderes sociales y ambientales; todos ellos llevaban la nueva Nicaragua dentro. Todos ellos estaban sembrando desde los años 1990 la futura Nicaragua, una Nicaragua mejor que nos querían heredar a nosotros.

Muchos de esos jóvenes no habían conocido la guerra. Había esperanza, había crecimiento económico, había paz, por más frágil que fuera. También estaba la siguiente ilusión: esos jóvenes sabían que vivían en un modelo profundamente injusto y desigual, pero aspiraban a cambiar ese modelo dentro del marco constitucional, a medida que se fuera consolidando esa comunidad política democrática que ellos estaban construyendo.

No lo lograron porque se dejaron engañar por una visión política arcaica propia del siglo XX. Cometieron ese error de no entender la historia de su propio país. Y el error más grande fue el creer que podían mejorar su país manteniéndose en un marco constitucional sandinista que todo lo corrompe. Parecía democracia. No era democracia. Tampoco somos República.

No vivían en democracia. Y si eso era democracia, entonces era la más imperfecta y bananera de todas las democracias latinoamericanas. Cuando buena parte de esa juventud apoyó el regreso del clan sandinista al poder en 2006 pensando que votando por Ortega iban a superar un modelo económico injusto y oligárquico, simplemente no se dieron cuenta que el poco agraciado bachiller los estaba engañando.

El clan Sandinista tuvo la necesidad de volver al poder para frenar el nacimiento de esa nueva Nicaragua que estaba en los jóvenes nicaragüenses. Para los sandías, era un peligro esa juventud porque esa nueva comunidad nacional, más moderna, más inclusiva, más democrática, ponía en peligro sus redes clientelares y mafiosas del poder. ¿Y qué pasaría si se descubrían todas las redes de corrupción, chantaje, extorsión e impunidad que manejaban? Esa juventud nicaragüense no se lo iba a perdonar. Si descubrían a uno descubrían a todos, así de perfecto el sistema de corrupción institucional montado por los sandinistas

En 2006, hubo una parte de la juventud que fue engañada por un máquina de guerra maquiavélica maquillada en maquinaria electoral. Jóvenes profesionales fueron engañados por otros jóvenes que eran cuadros sandinistas. Esos cuadros no eran cuadros políticos democráticos, sólo eran súbditos de un clan y esclavos de un autoritarismo mafioso. Nuestra juventud se dejó engañar por un discurso de reconciliación que escondía el mismo odio fratricida de los años ochenta.

Los hermanos Ortega, la vice Murillo, lo que quedaba de los comandantes y sus descendientes, todos ellos llegaron al poder buscando abortar la Nicaragua libre y democrática. Pero no lograron el aborto, solo atrasaron el parto. En Abril 2018 nuestra bella Nicaragua rompió aguas. Ahora está en nuestras manos que el parto salga bien.

Para consolidar su poder y evitar el nacimiento de una nación moderna y democrática, el clan Sandinista implementó un perfeccionado modelo económico que elevó a rango constitucional: el CORPORATIVISMO. Ese modelo político-económico sólo se puede implementar en un país donde los que controlan el poder controlan también las redes de información, corrupción, chantaje e impunidad judicial. Es por eso que en el pasado, el país donde mejor funcionó el CORPORATIVISMO fue en la ITALIA FASCISTA de Mussolini.

CORPORATIVISMO es un nombre elegante e intelectual para un modelo que consolida el saqueo de Nicaragua por parte de empresas nacionales y extranjeras, institucionaliza la corrupción a todos los niveles, tanto en el mundo privado como en las instituciones públicas y logra el control de la sociedad y de los movimientos sociales gracias a sus cuadros al servicio del ejecutivo que están infiltrados en Instituciones, organizaciones, gremios, sindicatos y todo lo que sea algún tipo de microcomunidad exitoso. Todo esto bajo el pretexto de traer modernidad, progreso económico, equidad social y paz. Arturo Cruz lo explica muy bien en su libro, donde defiende el corporativismo. La democracia nunca fue la prioridad. El control social sí.

En Nicaragua el corporativismo es un permiso político para que los grandes poderes económicos nacionales e internacionales puedan saquear el país y enriquecerse a costa de nuestro pueblo a condición de seguir oxigenando y financiando la máquina de guerra, corrupción y de muerte que gobierna Nicaragua desde 1979.

Manuel Fabien Aliana

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