«¿Izquierda enemiga?», «¿derecha… amiga?»

En España, donde hasta hoy ha habido una política migratoria más humana e inteligente con gobiernos de diferentes partidos, la derecha política tradicional (PP) se ha montado al tren trumpista y unido al coro fascista-xenófobo del grotesco VOX (los que hacen fiesta de la violación de una mujer africana) y declaran la guerra a los inmigrantes.

Política cruel, además de burda y estúpida, porque España necesita más —no menos— inmigrantes para sostener su crecimiento y situación fiscal.

Digamos que es el mismo fenómeno de Estados Unidos: hacerle daño al país es poco precio para esta gente de mal corazón y limitada visión intelectual, con tal de agitar las pasiones más mezquinas y los miedos de sus potenciales votantes—y así subir al poder.

Nada nuevo… excepto que permite—una vez más— reflexionar sobre el abismo al que conduce el atajo mental «izquierda versus derecha».

Aparte de no entender lo que hoy significan esos conceptos en un mundo contemporáneo de gran confusión, algunos inmigrantes hispanoamericanos en España que apoyan esta barbaridad —¡los hay, aunque parezca increíble!— exhiben una moralidad deplorable. Vivimos una época en que una dictadura fascista como la de Ortega es catalogada como «comunista» o «de izquierda»; en que un patán autoritario como Trump es visto como «libertador» por gente oprimida por Ortega; y en que el secuestro de Maduro llega a presentarse como un avance civilizatorio, una «liberación», aunque ese mismo patán apoye decisivamente al régimen chavista.

Primero, porque ellos mismos han sido beneficiados por la acogida legal, y sobre todo por el clima social de acogida que el actual gobierno promueve. Nada que ver con el odio que promueve la derecha estadounidense y europea.

Segundo, porque uno no debe negar a otros la oportunidad que a uno se le ha dado; cerrarle a otros la puerta que a uno le han abierto.

En tercer lugar, la pereza intelectual es también inmoralidad si nos lleva a juicios temerarios que dañan a otros. Por eso es ético reflexionar, informarse, antes de ir donde va Vicente, ir como borregos detrás de los fascistas que vociferan contra la «invasión», u oportunistas como Núñez Feijóo, el líder actual del PP, que buscan a toda costa ser «duros»—parecerse lo más posible a la derecha más extrema.

A Feijóo, de hecho, se le ha visto gritar a todo pulmón y sin ningún escrúpulo que «el inmigrante que no tenga trabajo… ¡Fuera!». Así de claro, ostentando orgullo «patriótico» y fibra de «macho». Todo con tal de ganar la batalla entre los «alfas».

Pero haga usted, estimado lector, un esfuerzo de empatía. Imagínese usted, no solo sufrir exilio, más la pobreza y la precariedad laboral típica de todo recién llegado, sino tener también sobre la cabeza la espada de Damocles: perder el trabajo puede convertirlo a usted, trabajador migrante, y a su familia, en blanco de deportación.

Es decir, una decisión gerencial o una bajada de la producción puede castigarlo ya no solo con penuria familiar de corto plazo: de un momento a otro usted pierde su empleo, el sustento de su gente, de sus hijos, y pierde su dignidad y tranquilidad: pasa a ser un paria que por decreto de Estado apesta y hay que expulsar.

Imagínese usted en el lugar de estas personas y dígame si el discurso del Sr. Núñez Feijóo no es una propuesta de terror psicológico.

Tan deleznable el espectáculo, tan de segunda mano, que el propio líder de Vox, Abascal, se burló en público con el desprecio que puede sentir un creador imitado por un plagiador de poco talento: «Ahora solo falta que el Sr. Feijóo se deje crecer la barba, como yo», dijo.

Hablando de barbas, ojalá que a quienes concierne pongan sus barbas en remojo…

El Gobierno defiende la regularización de migrantes y censura el rechazo del PP

Francisco Larios
Francisco Larios

El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor derevistaabril.org.

Artículos de Francisco Larios

Francisco Larios

El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor de revistaabril.org. Artículos de Francisco Larios

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