Para los “ungidos” somos nombres en sus pancartas publicitarias (y estorbos)

Amaya Coppens
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La autora es estudiante, activista democrática y ha sido dos veces prisionera política de la dictadura orteguista.

…les pedimos que reaccionaran, y nos contestaron «No tenemos tiempo para esto»…

Era mucho más fácil decidirse a dejar tu vida de lado cuando pensábamos estar en el mismo bote. Sin embargo, nunca estuvimos. 

Tuvimos reuniones con ustedes, los ungidos, los que tenían una voz, los que, se suponía, harían eco de las nuestras. Confiamos en ustedes, les respaldamos; desde las calles pensábamos que hacíamos nuestra parte, y ustedes la suya.  Dormimos en la calle, comimos en la calle, hicimos huecos en las calles con nuestras propias manos; corrimos por nuestras vidas, perdimos a hermanos y hermanas. 

Supe que no estábamos en el mismo barco cuando en medio de nuestras lágrimas, al ver que nos iban cazando poco a poco, les pedimos un paro, les pedimos que reaccionaran, y nos contestaron «No tenemos tiempo para esto«; tan insensible, tan seco y corto, así zanjaron el tema.  Y nos siguieron cazando, correr no nos sirvió, y nos siguen cazando, y la reacción ha sido la misma; la falta de reacción ha sido la misma. Fuimos efectos colaterales, fichas de cambio, nombres en sus pancartas publicitarias. 

Para mientras, seguimos poniendo el pecho, sacrificándonos, y porque en Nicaragua  se engrandece al mártir, para que nadie piense en quejarse, tomen sus flores, tomen sus mensajes de repudio. Pero libertad, pero justicia, no. No, mientras no convenga, a menos que seás de los «importantes». Vamos a hablar de vos, pero con vos, mejor no: incomodás, hacés bulla, cuestionás, lo que hacés es división. 

<<…más de 800 presos, 500 muertos, 100 mil exilados…mientras Cristiana se queja del “barullo” que no la deja tomarse su cafecito tranquila>>

Ya pasaron casi 3 años, ya pasaron más de 800 presos, más de 500 muertos, más de 100 mil exiliados, y no hay reacción. Mientras tanto, seguimos con pesadillas, con nuestras cicatrices y nuestras vidas desmoronadas, mientras Cristiana se queja del  «barullo» que no la deja tomarse su cafecito tranquila, porque a pesar de sus largas piernas aristocráticas, no logra tocar la tierra, y un grupo de machos conservadores se reúne a comparar sus diplomas. 

Algún día, en Nicaragua podremos decidir realmente, y no acomodarnos a lo menos peor. Algún día podremos vivir en un país libre, pero mientras tanto, no olvidamos, ni callamos, porque el precio que pagamos por nuestras voces ha sido inmenso; porque hay quienes ya no pueden hablar. Nunca más aceptar sin cuestionar, sin exigir respuestas.  

En lugar de pedir debates con la dictadura, que sabemos que no se van a dar, en lugar de publicitarse, exijan libertad. Si sus prioridades no coinciden con las nuestras, se las recordamos:  antes que sus campañas personales está la vida, la libertad y la justicia. 

¡Libertad para las Presas y Presos Políticos! 
¡Justicia para las y los asesinados!

Amaya Coppens

La autora es estudiante, activista democrática y ha sido dos veces prisionera política de la dictadura orteguista.