Por qué leer “Nos vemos en agosto”, libro póstumo de Gabriel García Márquez

<< No hay palabras para describir lo que estas 109 páginas pueden provocar en cualquier lector desprevenido.>>

La aparición de Nos vemos en agosto, parece a primera vista algo traído de los cabellos. Muchos alegan que el autor no quería que lo publicaran, que sus hijos solo buscan ganancias económicas, etcétera; pero después de leer la novela y entender que fue la última preocupación consciente de Gabo, solo podemos decir que no hay palabras para describir lo que estas 109 páginas pueden provocar en cualquier lector desprevenido. 

El personaje nos propone, en un lenguaje aparentemente sencillo y claro, las más profundas y complejas contradicciones de las llamadas relaciones conyugales y pone en tela de juicio los prejuicios sociales, la mojigatería, y todos los conceptos mediocres socialmente aceptados sobre la sexualidad femenina y especialmente; los trasnochados conceptos sobre la fidelidad y la monogamia institucionalizada, que rompen con las necesidades físicas y emocionales del Homo sapiens, que arrastra en su ADN la mecánica cuántica de los neandertales. 

Toda esta complejidad física y psicológica a través de un personaje del sexo femenino abocado a confrontar su propia sexualidad, no al comienzo de la pubertad, ni en plena adolescencia, sino todo lo contrario; cuando llega o se aproxima la menopausia y todo lo vivido se vuelve cuestionable. 

Desde Terencio, el joven esclavo liberado por un senador Romano, quien, a pesar de haber muerto tan joven, –a los 25 años–alcanzó a escribir una notable serie de obras de teatro que han marcado la literatura y el arte occidental, los grandes temas son definitivamente la intimidad psicológica y la sexualidad humana. De alguna manera el testimonio de Ana Magdalena Bach en su intento de encontrar un sentido alterno a su sexualidad referida a sus lecturas previas a cada estado de ánimo para el amor sexual; le dan un contexto histórico a esta angustiosa búsqueda donde la jurisprudencia romana y el psicoanálisis freudiano se quedan cortos para tratar de explicar la angustia existencial de una mujer de 46 años. 

Me llama mucho la atención, que el personaje Ana Magdalena Bach sea, supuestamente una lectora que siempre está con un clásico en las manos en los momentos previos a sus desvaríos emocionales, pero especialmente la primera referencia es que leyó la mitad de la novela Drácula, la más intensa, duradera y terrorífica historia de amor, y qué consecuencias tuvo esa lectura en el desarrollo y final de esta novela o cuento largo de Gabo, que nos deja como herencia su preocupación por la sexualidad de las mujeres mayores, especialmente en esta época cuando naturalmente se conservan muy bien algunas, y con muchas cirugías plásticas, otras. 

Es absurdo tratar de hacer crítica literaria a partir de prejuicios ideológicos, políticos o sociales. Además, es imposible juzgar las inquietudes de un escritor cuando tiene 22 años y es desconocido, a tratar de hacer comparaciones cargadas de subjetividad, con sus inquietudes cuando tiene 80 y es el genio célebre aplaudido por el mundo; su grandeza consiste en esa condición humana donde los melindres de la fama no afectaron su sencillez y sus inquietudes profundamente humanas. El mundo durante el cual surge La hojarasca y Cien años de soledad no tiene que ver en absoluto con el mundo en el que Gabo concibe el Recuerdo de mis putas tristes y menos aun cuando escribe los borradores de Nos vemos en agosto; originalmente un cuento sobre el cual existe ya un filme de 30 minutos, el cual por supuesto, se queda corto para abordar el conjunto total de la obra, aunque es una película de buena calidad, bien actuada y ambientada. 

El hecho de que García Márquez tenga inquietud por la sexualidad de las damas mayores me trae a la memoria Los Poemas Eróticos de Ovidio, quien vivió entre el año 43 a.C. y el año 18 d.C. y fue uno de los 3 más grandes e influyentes poetas romanos, junto con Virgilio y Horacio. Publicó entre los años 8 a. C. y 8 d.C. una serie de obras que han sido reunidas como Poemas Eróticos y que se titulan: Los Amores; a través de los cuales Ovidio intenta persuadir a su elusiva amante Corinna para que duerma con él, mediante una secuencia de elegías; Luego, por el contrario, en El arte de amar, escribe una estupenda y muy experimentada guía de cómo lograr seducir con resultados garantizados, la cual se complementa con «Curas para el amor» que es la secuencia de la anterior y en la que explica la mejor manera para terminar una relación de manera expedita. 

Finalmente, y muy curiosamente, escribe Tratamientos faciales para las damas; dando muestras de su experiencia y conocimiento en el arte de los cosméticos. Desde el apasionamiento desbordado de Drácula que vive 300 años, buscando vengarse y recuperar el amor de su amada Elizabeta, que se suicidó engañada por sus enemigos quienes la hicieron creer que Drácula, por entonces llamado el conde Vlad Teppe había muerto; hasta las inquietudes del amor físico y erótico de Ovidio, para no mencionar a la Galatea de Pigmalión, la historia de la literatura es la historia de las necesidades de la libido y sus corolarios psicológicos en los seres humanos. 

A pesar de los grandes avances en otros campos de la ciencia y la tecnología, en plenos siglos XX y XXI tienen que surgir movimientos feministas, tratando de reivindicar los derechos de la mujer ante los abusos machistas que siguen provocando grandes tragedias en la vida de alto porcentaje de mujeres en todo el mundo. Por tanto, la inquietud de García Márquez es legítima y conmovedora, pues Ana Magdalena Bach, en medio de grandes lecturas, tan cercana a la música clásica, esposa tradicional y conservadora; se ve abocada a replantearse su propia sexualidad trascendiendo el mundo físico y real para un encuentro inusitado con el más allá, mientras descubre los secretos de su propia madre. 

Hay una condición psicológica de la que no sabemos nada y que se manifiesta en los actos que motivan sus viajes, visitar la tumba de su madre y al mismo tiempo dar rienda suelta a la libido; la falta de explicaciones a esta misteriosa conducta deja un sabor de inquietud emocional en el lector, como un cuestionamiento sin respuesta del sentido de nuestras propias vidas y la certeza de un macabro final, como el del mismo García Márquez, pues la pérdida de su memoria y su propia muerte parecen estar anunciadas en las contradicciones íntimas, físicas y mentales de la atormentada Ana Magdalena Bach, donde la rutina de los hermosos gladiolos se estrella con la horrible escena donde el sepulturero desentierra los restos de su madre “como un mago de feria”.

Luis A. Miranda Sr.
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