Basta de disparates

Francisco Larios
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El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor de revistaabril.org.

Artículos de Francisco Larios

La repetición sistemática de todas estas nociones insanas sirve para aumentar el peso de la cruz que carga el pueblo nicaragüense, de hacer más largo su calvario; de hacer que, en lugar de la resurrección que fue posible en 2018, tengamos una nueva crucifixión; de que el banquete de los opresores continúe, mientras lloran las madres al pie de la cruz.

Tercamente, a pesar de que hasta Sergio Ramírez Mercado ha reconocido—tres años demasiado tarde, para un hombre de su intelecto y experiencia—que no se puede “hablar de elecciones justas, libres y transparentes en Nicaragua. Los hechos lo niegan.”, los partidarios del colaboracionismo electorero siguen empeñados en la ruta que inevitablemente culmina en la legitimación del reinado orteguista y su probable prolongación a dinastía. 

Las afirmaciones que hacen—en sentido estricto no se puede llamar “argumento” a balbuceos incoherentes—tienen la calidad de una fantasía onírica surrealista. 

Los colaboracionistas electoreros se parecen al emperador de la fábula, que caminaba desnudo a causa del fraude de un sastre que lo habría convencido de la belleza del traje que presuntamente le había confeccionado, y que el séquito de cortesanos temerosos de decir la verdad a Su Majestad confirmaba.  Se parecen, pero son una versión más ruin; están más dislocados de la realidad que el emperador desnudo, porque a aquel lo despertó de su engaño la voz infantil [la inocencia ve la verdad y no tiene motivos para negarla] que le gritó “vas en pelotas”.  

Nuestros electoreros desoyen esa voz, la voz que narra lo obvio, que describe lo que está a la vista, lo que deberían ellos mismos, que tienen también ojos, ver. No debería hacer falta que les explicáramos lo que trágicamente ocurre en Nicaragua; dan ganas más bien de espetarles, como hiciera aquel famoso Marx: “¿a quién vas a creer, a mí, o a tus propios ojos?”.  

Pero no solo cierran los ojos, sino los oídos. Parecen estar ciegos y sordos.  Siguen con el discurso alucinante de «elecciones», y «defensa del voto», y «tendido electoral», y «exigir condiciones a CxL», y 71% de ciudadanos «indecisos», y que «el pueblo prefiere a Cristiana Chamorro», y tantos otros evidentes disparates. 

Y los repiten cada vez que la dictadura asesta un nuevo machetazo, y arranca un miembro más al cuerpo de la falsa esperanza, y en esto se parecen al desquiciado personaje de teatro absurdo de la tropa inglesa de Monty Python, quien se enfrenta al rey Arturo (a veces la ficción nos trae intuiciones maravillosas), y termina sin brazos y sin piernas, a pesar de lo cual continúa desafiando al claro vencedor en tono amenazante, y ante la mirada atónita de este, lo insulta, lo reta a que no “huya”, a que regrese al combate, porque él es “invencible” y solo ha sufrido… «una herida superficial«. 

Al final de la escena, el rey Arturo, falso rey, pero en control de la pantalla, cabalga, y solemnemente ordena: “declararemos un empate.”  Si esto recuerda a “protejamos al 25% que apoya a Daniel”, de nuestro propio Arturo, o al “hagámonos concesiones mutuas” de Cristiana Chamorro, se debe sin duda a la genialidad profética de la literatura. 

En resumen: no sé qué procedimiento hipnótico ha traído a los electoreros a tal estado de irrealidad. Tengo que asumir, por ser tan absurdo y falso el discurso, que en muchos casos debe ser motivado por la intención de manipular, o por la debilidad de obedecer a algún manipulador a quien están acostumbrados a seguir.  O podría ser que haga falta remitir el caso a expertos en comportamientos post traumáticos, de los que causa la violencia, como el estrés o el Síndrome de Estocolmo.

Lo cierto es que, quiéranlo o no, la repetición sistemática de todas estas nociones insanas sirve para aumentar el peso de la cruz que carga el pueblo nicaragüense, de hacer más largo su calvario; de hacer que, en lugar de la resurrección que fue posible en 2018, tengamos una nueva crucifixión; de que el banquete de los opresores continúe, mientras lloran las madres al pie de la cruz. 

Francisco Larios

El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor de revistaabril.org. Artículos de Francisco Larios