No basta con botar a Ortega: urge cambiar el sistema político-económico.

No más sandinismo para Nicaragua. Acabemos con esa pesadilla que se consolidó en 1980. No podemos vivir y convivir en un sistema autoritario que se consolidó a través de las múltiples y continuas violaciones a los derechos humanos, políticos y cívicos. Nuestra Constitución nace de un contexto autoritario y no garantiza nuestros derechos. Por más modificada que haya sido y por perfectas que parezcan las leyes, todo está viciado, y ningún derecho está garantizado.

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