La transición interminable
¿Es imposible la democracia en Nicaragua?

Es un hecho que las contradicciones de nuestra clase política han mantenido siempre a Nicaragua en un aparente callejón sin salida, pues se ha mostrado recurrentemente incapaz de resolver el dilema de cómo acceder a un amplio y diverso acuerdo general que implique el fortalecimiento independiente de las instituciones públicas y el establecimiento de un marco legal amplio que permita el ejercicio del gobierno alternado, fiscalizado y sometido precisamente a ese marco legal establecido previamente por mayoría o preferiblemente en consenso.

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La rebelión armada no es lo que deseamos
[tampoco es absolutamente inmoral o imposible]

¿Qué alternativas quedan entonces? Aquí llegamos a los dos escenarios finales: sometimiento o rebelión. Esta última, aunque no sea la alternativa deseable, y horrorice la sangre y violencia que implica, no puede demonizarse como algo absolutamente inmoral o descartarse como algo imposible. Cerradas todas las opciones pacíficas, habrá nicaragüenses que se resignarán a vivir bajo la bota, u optarán por emigrar, pero, y en base a nuestras experiencias históricas, habrá quienes digan, como Zapata, que es preferible morir de pie que vivir de rodillas. Opción que, hay que advertir, puede llegar a ser legítima.

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Apuntes sobre “la unidad” en la lucha democrática

…[Ortega, Murillo, y sus aliados] no pueden darse el lujo de que haya una verdadera transición democrática solo porque consiguieron menos votos que sus opositores en una elección. Los mecanismos prácticos a través de los que se impondrían, y los diferentes escenarios posibles, son numerosos, pero el tema aquí es que no debe forzarse la unidad sin tomar en consideración la estrategia. Porque juntarnos todos para caer en el abismo una vez más, para hundirnos todos y arriesgar inútilmente la vida de los nicaragüenses en una campaña que beneficia a lo sumo a pequeñas minorías poderosas, entre ellas el clan FSLN-Gran Capital, no es la meta democrática.

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Estrategia nacional y elecciones

Es incoherente proponer por gusto personal, fuera de la realidad, una vía electoral para salir de Ortega, y pretender que Ortega la acepte, aunque le cueste el poder, y que descarte su propia estrategia. A los norteamericanos, el resultado de ese disparate le tiene sin cuidado. A ellos les interesa ganar tiempo y que el espíritu de rebelión se aplaque, por desmoralización. Su mayor temor es que no exista la posibilidad de formar un gobierno alternativo a Ortega que brinde cierta estabilidad. La posibilidad de ello es que, en Nicaragua, en lugar de prepararse para la lucha real en la que no caben los zancudos, se acepta mansamente, sin uso de la lógica, la visión absurda trazada por Washington, que Ortega tomará como suya la vía pacífica con que perdería el poder.

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