Del origen romano del gorro de Santa Claus, la cesta de Navidad, el aguinaldo, la lotería y hasta del roscón de reyes

María Teresa Bravo Bañón
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Vivimos todavía en la Roma antigua de tantas maneras, en la medida en que muchos rituales y festividades a lo largo del año han estado con nosotros desde entonces. Nuestras fiestas de Navidad, por ejemplo, son herederas de las Felices Saturnalias romanas.

“Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma,el hombre se hace inmortal”

Billy Crudup

Los símbolos, los iconos, las historias y las leyendas son más poderosas que lo que podemos imaginar. Vivimos todavía en la Roma antigua de tantas maneras, en la medida en que muchos  rituales y festividades a lo largo del año han estado con nosotros desde entonces. Nuestras fiestas de Navidad, por ejemplo, son herederas de las Felices Saturnalias romanas.

¿Desde cuándo es el 25 de Diciembre Navidad?

No, Jesucristo no nació el 25 de Diciembre, la celebración del Solsticio de invierno se pierde en la noche de los tiempos. Les invito a repasar algunas de las tradiciones ancestrales desde la ciudad de Tarraco, en donde vivo, evocando por sus calles las Saturnalias más pomposas e importantes vividas en esta ciudad en el año 132 de nuestra Era, cuando el Emperador Adriano vivió un año entre nosotros.

SATURNALES EN TARRACO, DICIEMBRE DE 132 DC

Era  diciembre el mes dedicado a Saturno; es decir, la entrada del Sol en el signo de Capricornio, y el Sol volvía a renacer. Hasta el 49 antes de Cristo solo era el 17 de diciembre en el  Foro. En esa jornada, el decurión, los duunviros, los ediles y los caballeros romanos, con sus impolutas togas ceremoniales, ofrendaban a Saturno un gran sacrificio seguido de un ágape público que culminaba con vítores en honor al dios. Julio César fue quien prolongó la festividad hasta el día 19. Octavio Augusto, el primer Emperador de Roma, añadió un día más y  Calígula, otro; Domiciano continuó  la ampliación de los festivos hasta el 25 de diciembre.  Posteriormente, en el año 274, fue otro  emperador, Aureliano, el que introdujo en Roma el culto del Sol Invicto cuya conmemoración se celebraba el 25 de diciembre, como el día del nacimiento del dios Sol Invicto, celebrándose a partir de entonces una gran fiesta al que se había convertido en la divinidad principal del Estado romano.

¿QUÉ TIPO DE FESTIVIDADES RELIGIOSAS ERAN LAS SATURNALES? ¿A QUÉ DIOSES SE ADORABA?

Aquellas primigenias fiestas eran de origen muy arcaico, dedicadas al Dios Saturno, consistían principalmente en representar la igualdad primigenia entre los hombres, sin jerarquías, ni leyes.

Durante ellas se suspendía el poder de los amos sobre sus esclavos. Estos tenían derecho a hablar y actuar con total libertad, por eso era conocida también como las “fiestas de los esclavos”. Los esclavos podían criticar los defectos de sus amos, jugar contra ellos e incluso estos, los amos, intercambiaban sus papeles y les servían en la mesa.

Pero con el tiempo el Imperio Romano se convirtió en un crisol de culturas y religiones diferentes y cada pueblo tenía su especial celebración del día 25 de diciembre a lo largo de las provincias del Imperio y fueron importando sus creencias desde los confines del Imperio conquistado.

Tarraco era un microcosmos de aquel imperio romano con todas sus representaciones culturales y religiosas debido al emporio comercial que regentaba y por ser la capital de la Hispania Citerior. De Asia Menor, por ejemplo, llegó el culto de Mitra, divinidad que había nacido el 25 de diciembre en una gruta sobre un pesebre. Del Dios Mitra se decía que Ascendió a los cielos, donde mora; a su llamada, los muertos se alzarán en la tierra en donde se hallan sepultos y serán juzgados. Aquellos que durante su vida intentaron hacer el bien y vivieron para ello, subirán al Reino de los Cielos, mas los malignos y perversos, descenderán a las Tinieblas” (Zend Avesta, cap.XIX).

Por otro lado, los asirios festejaban el nacimiento de Adonis, también un 25 de diciembre, como Tammuz de Babilonia; para los los egipcios, era el día del “Nacimiento del Niño Horus” cuya imagen, sacada del santuario, se exponía ante sus seguidores  para representar la natividad de la Luz y de la Vida. Para los griegos, el 25 de diciembre celebraban el nacimiento de Dionisios, gestado por una Virgen, la Magna Mater.

Los seguidores del misterioso culto a Atis cortaban un pino que se consagraba en el templo del Dios y se le adornaba con vendas, figuras de cerámica a modo de ex votos, según sus ritos, también importados de Asia Menor.

En la misma fecha nacía  entre los bárbaros pueblos nórdicos el dios Freyr, hijo de Odín y Friga,  el regente luz celestial en cuyo honor se encendían hogueras y se distribuían coronas de muérdago.

De la lejana  Escandinavia de los hiperbóreos, se tenían noticias que cuando llegaba el día 24 de Diciembre se encendían las hogueras de Jul o Yule, la celebración de la fiesta del Madraneght (como se conocía en lengua sajona) o nacimiento de Sol.

La religión estatal romana fue adoptando paulatinamente a una serie de cultos monoteístas, como religiones de salvación, en las que los acólitos buscaban conseguir la vida eterna, aunque no excluyentes, ni negaban la existencia de otros dioses. 

Poco a poco se extendieron los distintos cultos obligando a que la propia religión estatal romana simplificara todo el poder al dios Sol. A partir del siglo II se empezó a celebrar la festividad del Sol Invicto.

La multitud de dioses, propios y extraños, acogidos por Roma, acabaría reduciéndose a este «Sol Señor del Imperio Romano» resumiéndose en un monoteísmo solar que simplificó el camino al Cristianismo para establecer la fecha común del nacimiento de Jesucristo, Sol de justicia, sino también para la celebración de unas fiestas prolongadas en las que, como los romanos de entonces, los cristianos compartían  la alegría, aumentaban sus ingresos y cumplían con los regalos y tradiciones comunes que hermanaban y romanizaban a los habitantes del Imperio, tanto como lo eran el Derecho o la lengua.

Después del Edicto de Milán del Emperador Constantino, en 313, declarando el Cristianismo como religión del Imperio, se sincretizaron muchos de estos cultos ancestrales, y para para hacer facilitar que los romanos pudiesen convertirse al cristianismo, sin abandonar sus festividades ancestrales, el papa Julio I consideró en el año 350 que el nacimiento de Cristo se celebrara en esa misma fecha y finalmente el papa Liberio I decretó este día como el nacimiento de Jesús en el año 354.

La transición de las Saturnales a la Navidad se prolongó todavía durante varios siglos y fue el concilio de Tours en 567 el que decretó el periodo festivo entre el 25 de diciembre y el 6 de enero.

LAS SATURNALES ERAN LAS FIESTAS MÁS DESEADAS DEL AÑO

El poeta Cátulo dejó escrito que saturnalia era el mejor día de todo el año.

Las Saturnales eran una mezcla entre nuestras Navidades actuales y los Carnavales. Se jugaba al mundo al revés y se caricaturizaban leyes y cargos públicos.

Los tribunales y las escuelas cerraban, no estaba permitida la guerra ni la ejecución de criminales, ni ejercer otro arte que el de la cocina. Además, todos los habitantes de la ciudad dejaban de trabajar.

Que nadie tenga actividades públicas ni privadas durante las fiestas, salvo lo que se refiere a los juegos, las diversiones y el placer. Solo los cocineros y los pasteleros pueden trabajar. Que todos tengan igualdad de derechos, los esclavos y los libres, los pobres y los ricos. No se permite a nadie enfadarse, estar de mal humor o hacer amenazas. No se permiten las auditorías de cuentas. A nadie se le permite inspeccionar o registrar la ropa durante los días de fiestas, ni practicar deportes, ni preparar discursos, ni hacer lecturas públicas, excepto si son chistosos y graciosos, que producen bromas y entretenimientos”

Luciano de Samosata 
Banquete

En las casas también se elegía al rey o Señor del desgobiernoque incluso podía ser un niño o un esclavo. Este rey presidía las fiestas y sus órdenes debían ser acatadas, por muy extravagantes o absurdas que fueran. Además, era todo un lujo ser rey, ya que éste era el único que no estaba obligado a cumplir las órdenes que le intentaban imponer.

La dignidad de rey de las Saturnales, que presidía aquel enloquecido ajetreo, se echaba a suertes. Era habitual que los señores de la casa sirvieran la mesa a sus esclavos, los cuales tenían, además, la licencia de emborracharse e, incluso, de injuriar a sus amos como si de siervos se tratase.

Otro escritor, Luciano, nos explica la idea de su gobierno burlesco poniendo en boca del Dios Saturno estas palabras en alabanza de su fiesta:

«Y una vez que los dados te dan la suerte de ser rey, solo en virtud de esa dignidad tienes el derecho a que no se te impongan órdenes ridículas, mientras que tú puedes ordenar a uno que declare algo vergonzoso de sí mismo, a otro que baile desnudo, a un tercero que cargue con la flautista y la lleve a hombros tres veces por toda la casa; todo ello es, sin duda, una prueba de que puedo repartir dones importantes.» 

A continuación, se realizaba un banquete público, que se llamaba Bacanal, en el que participaban hombres y mujeres, tanto matronas como prostitutas. Se gozaba de una abierta permisividad y libertinaje.

Las leyes contra el lujo quedaban suspendidas, permitiendo en las Saturnales gastar en comidas una cantidad mayor que en los días corrientes, y quien no aprovechaba la oportunidad para cogerse una melopea resultaba desagradablemente llamativo.

Hasta Catón el Viejo, famoso por su tacañería, que calculaba con un rigor sin compasión los costos y utilidad del trabajo de los esclavos de sus posesiones rurales, les concedía en las Saturnales una ración extra de 3,5 litros de vino. Lo que de ordinario estaba prohibido se autorizaba en estos días locos.

Día y noche las calles se llenaban de fiestas en las que la comida y el vino corrían sin importar las consecuencias del mañana. La música, las luces y los colores alumbraban a los borrachos, los jubilosos e incluso a los jugadores, ya que durante estos días se legalizaban las apuestas y los juegos de azar en plena calle.

Los romanos también decoraban sus casas con luces  en la época más oscura del año. Como para traer de vuelta a el Sol. Linternas, cirios, candelabros y lucernas de aceite parpadeaban por las casas de los pobres, y antorchas en los jardines de los ricos. Debido a esto, las ciudades eran muy propensas a los incendios en esta época festiva.

¿BANQUETES, REGALOS, AGUINALDO, CESTA DE NAVIDAD  Y LOTERÍA … ?

Pero, sin duda, el elemento más importante de las Saturnalia eran los banquetes, celebrados tanto por la gente corriente como por las élites. Desde los intensos debates intelectuales y filosóficos de los más doctos hasta los divertimentos, chistes y adivinanzas de los ambientes más distendidos, todo tenía cabida durante estos días. Incluso los esclavos, que eran liberados de sus funciones y en ocasiones incluso eran servidos por sus amos, en un juego de inversión del «orden natural» de las cosas.

La costumbre de encender velas y hacerse regalos, a nuestra fiestas populares de Navidad

En un principio era habitual regalarse velas y muñecos de barro -donativos rituales en origen; luego de galletas, cuyo sentido es muy debatido. Luego, en parte por influencia griega, fue común agradecer con alguna pequeña atención o con un regalo en dinero a los amigos y a todas las personas a quienes se debía algo por algún servicio prestado (hoy equivaldría a la paga extra o el aguinaldo). Asimismo, todos los esclavos recibían de sus propietarios una generosa paga extra en forma de moneda o vino. 

Los patrones o «jefes» en Roma a veces entregaban gratificaciones a sus clientes o dependientes más pobres para ayudarlos a comprar regalos. Algunos Emperadores, se dice, eran muy generosos en sus regalos. Los regalos de mucho valor marcaban un estatus social. En Roma los regalos podrían ser muy costosos, como un esclavo o un animal exótico; pero en general los regalos era sencillos o velas o regalos bromistas; porque Las Saturnales tenían también en este sentido sus propias perfidias y chanzas: nadie estaba a salvo de convertirse en víctima de algún regalo bromista y muy calculado, como hoy que celebramos la fiesta de los Santos Inocentes el 28 de diciembre.

Sabemos, por ejemplo, que al emperador Augusto le gustaba mucho hacer bromas, y sus regalos podían ser utensilios con mensajes de mal gusto, o telas viejas y desgarradas. Mi querido y leído poeta satírico Marcial se quejaba en el siglo I de algunos regalos que recibía por Saturnales:

«La bandeja de plata que solías enviarme, Sextiliano, por los días de Saturno, este año se ha ido a parar a tu amiga, y la toga que me ofrecías para las calendas de marzo se ha convertido en un justillo verde claro para cenar. Ya han empezado a resultarte baratas las queridas, porque haces el amor con ellas a costa de mis regalos».

Marco Valerio Marcial nombra regalos caros y muy baratos, incluyendo: tablillas para escribir, dados, juegos con piezas de hueso, monederos, peines, mondadientes, un sombrero, un cuchillo de caza, un hacha, diversas lámparas, pelotas, perfumes, flautas, un cerdo, una salchicha, un loro, mesas, tazas, cucharas, artículos de ropa, estatuas, máscaras, libros y animales domésticos. A los niños se les daban juguetes, también.

La Lotería

Aunque la lotería actual en España fue una creación del Rey Carlos III en 1771, la lotería ya era, como en la actualidad, un popular juego de azar en el Imperio Romano y sus provincias, en el que cualquiera podía conseguir grandes premios si la diosa Fortuna se ponía de su parte.  Entre los regalos que se hacían unos a otros, era común que se hicieran pequeñas rifas en las que todos los boletos acababan estando premiados.

Pero, en algunas épocas de la historia del Imperio romano, el lujo iba de la mano del exceso en la familia imperial y las pequeñas rifas se convertían en grandes sorteos de lotería en los que los premios podían llegar a ser inconmensurables.

Al emperador Augusto, amante de las saturnalia, de sus bromas y de su ambiente desenfadados, le encantaba hacer grandes sorteos en los que aprovechaba para gastar bromas con los premios. En sus banquetes festivos solía repartir a los comensales boletos de lotería que podían estar premiados con grandes sumas de dinero, telas exóticas e incluso oro puro o, por el contrario, con objetos de broma como pinzas, esponjas o mantos de pelo de cabra.

Otros emperadores, como Nerón, llegaron a repartir entre la población hasta mil boletos de lotería en ocasiones especiales. Algunos incluso inventaron nuevas versiones  para dar más emoción a los sorteos. El emperador Heliogábalo por ejemplo, hacía burlescas parejas de premios: con un solo boleto alguien podía ganar diez camellos o diez moscas, diez libras de oro o de plomo, diez avestruces o diez huevos de gallina… y tantas otras parejas disparatadas que hacían las delicias del emperador y sus invitados.

CHRISTMAS, EL GORRO DE PAPÁ NOEL, LA CESTA DE NAVIDAD, EL ROSCÓN DE REYES …

La entrega de tarjetas de saludo de Navidad se relaciona con las costumbres ancestrales de  Roma, donde los regalos de las Saturnales eran acompañados por algunos versos. En eso era muy celebrado nuestro querido Marcial, a quien contrataban para escribir epigramas para regalos.  Los regalos, hasta de los más humildes, se solían acompañar de versos, entre felicitación y mercadeo comercial de la calidad del producto regalado. Por ejemplo, acompañando una jarra de vino de Tarraco nos dice:

“ Tarraco, que solo cede en calidad a los vinos de Campania, ha producido para ti este vino con que te agasajo la Saturnalia, un vino que rivaliza con las jarras de Etruria”

Acompañando el regalo de un orinal de barro: 

“Acepta este regalo necesario; mientras me reclamaban con un chasquido de dedos y tu esclavo se retrasaba ¡Cuántas veces el colchón me ha reemplazado! Ahora no te separarás de mí, por mi belleza.”

Acompañando un pomo de dentífrico:

“¿Qué vas a hacer conmigo? Que me tome una jovencita, no quiero cepillar dientes postizos comprados.”

Acompañando a un mondadientes:

“Es mejor uno de madera de lentisco; pero a falta de una madera aguzada, esta pluma afilada ayudará a tus dientes.”

Acompañando a un limpiaoídos:

“Si tus oídos sienten una comezón inoportuna, te doy las armas aptas para tus deleites.”

Muchos de los regalos eran tradicionalmente comida, frutos secos, galletas, huevos, pasteles, frutas confitadas, higos secos, dátiles, olivas, laurel, morcillas…aquí en Tarraco salazones o pescados, pulpos, o las apreciadas ostras …que se regalaban en cestas de mimbre. Era la cesta de Saturnales  con que se agasajaba a los parientes y a los amigos, como una forma de «garantizar» los recursos para «los días largos» del invierno antes de  la llegada de nuevos frutos de la tierra.

El gorro de Papá Noel

A finales de la Roma republicana, un capuchón de felpa suave llamado el pileus sirvió como un símbolo de los hombres libres, no esclavos, y fue dado simbólicamente a los esclavos en la manumisión, otorgándoles no solo su libertad personal, sino también libertas- la libertad como ciudadanos.

Eran numerosos los esclavos manumitidos en estas fechas, luciendo por las calles el pileus cónico de fieltro de colores que estrenaban con orgullo, como prueba de su no-esclavitud ¿Sabéis de que colores eran ?¡Sí, rojo y blanco…!

El roscón de Reyes

Durante esta semana de fiesta, entre los platos que se preparaban se realizaba un torta con miel, dátiles, frutas deshidratadas y frutos secos. Con el tiempo este postre pasó a ser el más preciado durante el festejo. En el siglo III DC se introdujo en dicha torta el haba, considerada como augurio de prosperidad y fertilidad, por lo que quien se encontraba en su porción con la legumbre le auguraba prosperidad para el año próximo. Un cocinero del rey francés Luís XIV fue el que innovó el roscón añadiendo una moneda de oro. Así al que le tocaba era rico y al que le tocaba el haba era el que pagaba el roscón, de ahí viene la expresión “Tonto del haba”.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD CRISTIANO

Los romanos ya decoraban sus casas con ramas de hoja perenne a sus hogares como acto de magia, destinado a guardar las esencias vitales de las plantas hasta la primavera. Con el tiempo esta costumbre fue adquirida por los pueblos sincretizándose con otras costumbres y cultos y hasta convertirse en árbol de Navidad”.

Cuenta la historia de San Bonifacio (675-754) –obispo inglés que viajó hasta Frisia y Germania para evangelizar a sus habitantes, se sintió muy dolido en la Navidad del año 723 al comprobar que los germanos habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un joven bajo el sagrado roble de Thor.

Tal fue su decepción y enfado que, tomando un hacha, se dirigió a talar aquel árbol. La leyenda narra que, al primer golpe de hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el roble. Los lugareños, sorprendidos y atemorizados, reconocieron la intervención de la mano de Dios en tal suceso y rogaron a San Bonifacio que les explicase cómo debían celebrar la Navidad.

Entonces, el sacerdote se fijó en un pequeño abeto que, milagrosamente, permanecía intacto junto a los restos del roble caído. Lo vio como símbolo del amor de Dios y lo adornó con manzanas – frutos de las tentaciones pecaminosas- y con velas que representan la luz de Cristo que nace para iluminar al mundo. Finalmente, como estaba familiarizado con la costumbre pagana de adornar las casas con hojas y ramas de plantas perennes durante el invierno, les pidió que cada familia llevase un abeto a su hogar.

Poco a poco, la tradición fue evolucionando, cambiándose las manzanas por bolas de colores y las velas por focos y luces parpadeantes. Pero, pese a estos cambios, las esferas de colores aún simbolizan las oraciones que se realizan durante el período cristiano de Adviento: el tiempo de preparación hasta el nacimiento de Jesús.

Según la tradición cristiana: las bolas azules simbolizan oraciones de arrepentimiento, las plateadas se corresponden con las plegarias para dar las gracias, las doradas son símbolo de los rezos de alabanza y las esferas rojas de las peticiones elevadas a Dios. Asimismo, la estrella con la que se remata el abeto navideño representa la fe y la luz que deben guiar a todo buen cristiano, recordando a la estrella que, según la creencia cristiana, guio a los Magos hasta Belén. 

BIbliografía:

  1. Vida cotidiana en la Roma de los césares; Amparo Arroyo de la Fuente.
  2. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio; Jérôme Carcopino.
  3. Los romanos. Su vida y costumbres; E. Ghul & W. Koner. 
  4. Historia de Roma de Indro Montanelli 
  5. Un año en la antigua Roma: La vida cotidiana de los romanos a través de su calendario Néstor F. Marqués González (Autor)
  6. The Roman Mysteries, Caroline Lawren
  7. https://antiguaroma.com/
  8. https://www.ancient-origins.es/mitos-leyendas-europa/arbol-navidad

María Teresa Bravo Bañón

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