Crónicas de un nica exiliado en Guanajuato
(Segunda parte: «Yo», el hermanastro de K.L.)

Uno deja de ser persona en otro país; te volvés un monigote de tus propias circunstancias. La extranjería se asemeja, pues, a Comala, el pueblo ficticio de Juan Rulfo: ahí la tierra exige a sus habitantes desaparecer en lamentos constreñidos y prietos, en un lugar donde no existen voces ni seres reales. Por ello, todo exiliado se termina convirtiendo en un habitante de Comala: soporta no tener voz ni ser.

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Ernesto Cardenal: algunas reflexiones sobre su papel y su legado

En las redes sociales, el activista Yaser Morazán pregunta, con su habitual franqueza y claridad: “¿Cuál es la diferencia entre Ernesto Cardenal y Tomás Borge, Carlos Tünnermann o Humberto Ortega? Todos ministros en la década de los 80 en Nicaragua, responsables del exilio, secuestro, torturas, confiscaciones y asesinatos de seres humanos que vivieron lo mismo que ahora vivimos nosotros.” Decidí responderle, porque la muerte de Cardenal, en estos días de autoexamen colectivo, no puede pasar sin que hagamos preguntas como esa.

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El poeta y su salterio

Querido Padre Ernesto Cardenal:

La poesía nicaragüense, usted lo sabe, estalló a finales del siglo XIX y fue el Big Bang, la creación de nuestras letras, el germen Divino, cuando un joven mestizo que vivió su infancia y adolescencia en la ciudad de León, ensalzó el idioma que recibió en herencia tras el encuentro de dos mundos, pero que antes, en la Edad Media, hizo hablar al Arcipreste de Hita de la siguiente manera…

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