Estados Unidos: una potencia recuperable que está perdiendo tiempo

Estados Unidos no es una economía quebrada ni una nación al borde del colapso. Sigue reuniendo una combinación extraordinaria de riqueza, tecnología, universidades, ciencia, energía, agricultura, capital, innovación y poder financiero. Pero detrás de esa fortaleza hay señales que merecen algo más que una discusión partidista.

La economía crece, aunque más lentamente: el PIB real aumentó a una tasa anualizada del 2,1% en el primer trimestre de 2026 y del 1,5% en el segundo, mientras la productividad sigue en ascenso.

El empleo, en cambio, empieza a mostrar debilidad. En julio se perdieron 23.000 puestos de trabajo y las cifras de mayo y junio fueron revisadas a la baja en 103.000 en conjunto. El desempleo se mantiene relativamente bajo, en 4,1%, pero la dirección merece atención.

Tampoco ha desaparecido la inflación: en julio los precios eran un 3,4% superiores a los de un año antes. Y ahí aparece una confusión frecuente: que baje la inflación no significa que bajen los precios, significa que suben más despacio.

PIB, bolsa y desempleo nunca cuentan toda la historia. La Reserva Federal encontró que el 73% de los adultos decía estar financieramente bien o vivir cómodamente, todavía por debajo del 78% de 2021, y más de nueve de cada diez mencionaban el aumento de precios como una preocupación financiera.

Pero el problema que más me preocupa no está en el supermercado. Está en Washington.

La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta para 2026 un déficit federal de aproximadamente 1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB. La deuda en manos del público ronda ya el 101% del PIB y, si la trayectoria actual continúa, llegaría a cerca del 120% en 2036 y al 175% en 2056.

Esto no significa que Estados Unidos vaya a quebrar como una familia que no puede pagar la hipoteca. El país emite la moneda internacional dominante, posee una base económica y tributaria gigantesca y conserva mercados financieros de una profundidad excepcional: el dólar todavía representa alrededor del 57% de las reservas oficiales mundiales.

Tampoco estamos ante una repetición de 2008. La Reserva Federal considera que el sistema bancario sigue sólido y resiliente, mientras la deuda conjunta de hogares y empresas respecto al PIB ha bajado a niveles no vistos desde comienzos de este siglo.

El peligro es otro: perder grados de libertad. Cada vez que una parte mayor de los recursos futuros queda comprometida pagando deuda e intereses acumulados, queda menos margen para vivienda, infraestructura, investigación, educación, salud, defensa o la próxima emergencia que todavía no sabemos que tendremos.

Y casi todo esto es corregible. Estados Unidos conserva capital, talento, instituciones, recursos naturales y una capacidad extraordinaria para reinventarse. Con disciplina fiscal, vivienda, infraestructura, energía, educación técnica, inmigración productiva y una estrategia que convierta la inteligencia artificial en productividad ampliamente compartida, podría modificar de forma significativa su trayectoria.

Lo que no puede recuperar del todo es el tiempo.

La infraestructura que no se construyó durante veinte años no aparece en dos. Las viviendas que faltan necesitan años. Las capacidades industriales perdidas deben reconstruirse. Una generación que retrasó vivienda, ahorro o hijos no recupera después esos años. Y la confianza institucional, una vez deteriorada, tarda mucho más en reconstruirse que en perderse.

Las grandes potencias económicas rara vez desaparecen de repente. Pierden grados de libertad.

Estados Unidos no es un país condenado. Es una potencia extraordinariamente recuperable que está perdiendo tiempo.

Y el tiempo es precisamente el recurso que la deuda no permite comprar indefinidamente.

Oky Arguello

Oky Argüello
Oky Argüello es una escritora centroamericana radicada en España. Es autora de los bestseller El Coleccionista y Cuando la palabra sueña, además de otros libros de poesía y cuento. Con formación doctoral en Psicología y estudios multidisciplinarios, su trabajo se centra en el análisis contemporáneo de sistemas sociales y culturales, que desarrolla en distintos formatos, entre ellos Radar Oky (Substack).

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