Ernesto Cardenal y Daisy Zamora: los primeros eliminados de la mafia cultural
Por Douglas R. Lee
I. Entre Darío y la tragedia de Nicaragua
Nicaragua nunca ha sabido reconocer a sus grandes. Rubén Darío fue celebrado en París, Madrid y Buenos Aires; en su propia tierra fue sospechoso e incomprendido. Él mismo lo escribió:
“Si pequeña es la patria, uno grande la sueña.”¹
Un siglo más tarde, la historia se repitió con Ernesto Cardenal y Daisy Zamora. El mundo los comprendió; Nicaragua los traicionó. Fueron los primeros eliminados por el sandinismo, no con balas, sino con el silenciamiento cultural.
II. El perfume de cuna y la ruptura
Ernesto Cardenal nació en Granada en 1925, en una familia de élite. Pudo haberse quedado en la comodidad de los apellidos, pero eligió la poesía y la contemplación. En el monasterio de Gethsemaní, Kentucky, conoció a Thomas Merton, quien le dio el consejo que marcó su destino:
Merton le aconsejó que su monasterio no debía estar hecho de muros, sino de hombres y mujeres libres, y que debía fundarlo en su propia tierra.²
Ese consejo fue semilla. Y en 1966 germinó en el archipiélago de Solentiname.
III. Solentiname: el paraíso con reglas de libertad
Solentiname fue un monasterio abierto al cosmos y al pueblo. Allí los campesinos se volvían teólogos comentando el Evangelio, los pintores primitivistas narraban su mundo sin academia, y la oración era vida compartida.
Cardenal lo resumió en su Cántico Cósmico:
“La materia no se crea ni se destruye,
y la historia tampoco: sólo se transforma.”³
IV. Daisy Zamora: la mano derecha
Junto a él estuvo Daisy Zamora, poeta, feminista y su mano derecha en el Ministerio de Cultura. Ella organizaba talleres, impulsaba voces nuevas y hacía de la poesía un derecho del pueblo.
En La violenta espuma (1981), Daisy Zamora recogió la experiencia de la guerra y del despojo, mostrando cómo la palabra podía convertirse en refugio y en resistencia.⁴
V. El asesinato cultural
En 1987, Rosario Murillo cerró el Ministerio de Cultura, con la complicidad de Sergio Ramírez y el silencio de Gioconda Belli. Fue el primer asesinato cultural del sandinismo.
• Cardenal fue marginado, declarado incómodo.
• Daisy Zamora fue apartada y empujada al exilio.
Ambos fueron eliminados simbólicamente porque eran incorruptibles.
VI. La mafia cultural
No fue solo Murillo. La mafia cultural incluyó a Ramírez, Belli y otros intelectuales que prefirieron el acomodo en el poder antes que defender a sus colegas. Callaron mientras la purga cultural se consumaba.
El sandinismo mostró así su rostro verdadero: una revolución que mataba primero a sus poetas, porque la poesía libre es más peligrosa para un dictador que cualquier fusil.
VII. La herencia que no supimos
El mundo los entendió; Nicaragua los traicionó. Como a Darío, como a tantos. Pero Cardenal y Daisy nos dejaron una brújula:
• Que se puede nacer en perfume de cuna y elegir la fragancia de la humanidad.
• Que el arte no es ornamento, sino libertad.
• Que la humildad y la incorruptibilidad son la forma más radical de resistencia.
Cardenal advirtió que lo esencial era la voz que permanece, la palabra que no se rinde.⁵
Ernesto Cardenal y Daisy Zamora fueron los primeros asesinados simbólicamente por la mafia cultural sandinista. No murieron por balas, sino por traiciones, silencios y clausuras.
El mundo los celebró, Nicaragua los borró. Y ahí está nuestra tragedia: seguimos expulsando a nuestros mejores y consagrando a los verdugos.
De Darío a Cardenal y Daisy, la historia se repite. La pregunta es si alguna vez tendremos la valentía de reconocer que la cultura y la humildad son las únicas formas de libertad.
Notas
1. Rubén Darío, Cantos de vida y esperanza (1905).
2. John Dear, Thomas Merton: Peacemaker (Orbis Books, 1999).
3. Ernesto Cardenal, Cántico Cósmico (Madrid: Trotta, 1989).
4. Daisy Zamora, La violenta espuma (Managua: Ocarina, 1981; San José: EDUCA, 1981).
Ver fichas en WorldCat: Ocarina | EDUCA.


