Nicaragua: momento de barbarie, hora de la verdad

Francisco Larios
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El autor es Doctor en Economía, escritor, y editor de revistaabril.org.

Artículos de Francisco Larios

Que quede claro, esto es lo que ilustra el acto de ferocidad diabólica perpetrado hoy en Managua: solo hay dos caminos para el pueblo, ambos muy dolorosos. El primero es luchar por el derrocamiento de la dictadura, abandonando toda ilusión de que se puede pactar, convivir y realizar «elecciones” con el FSLN. El otro es rendirse y aceptar la esclavitud permanente bajo una pandilla de sádicos dispuestos a ejercer el terror con tal de mantener a la sociedad bajo su bota.

Sicarios del FSLN han lanzado una bomba molotov dentro de la Catedral de Managua, incendiando la venerada imagen de la Sangre de Cristo.  Con su habitual cinismo, Rosario Murillo sugirió que el incendio fue causado por “veladoras que encienden los feligreses que buscamos cómo pagar promesas a nuestros santos, en este caso a nuestra sagrada Sangre de Cristo”.  

Ojalá que la respuesta de los políticos que dicen representar a la ciudadanía democrática marque un contraste radical con la que ha dado la Murillo. Ojalá que no veamos apenas gestos superficiales de indignación en nuestro nombre, en nombre de los ciudadanos que estamos opuestos al régimen genocida. Que no sea esta otra ocasión para un comunicado más de paquete. Que el acto insólito de terrorismo perpetrado por el régimen abra los ojos a los políticos: si quieren futuro, necesitan echar a la dictadura en el basurero del pasado; si aspiran a ser líderes de la nación, no pueden evitar el costo de comprometerse hoy con la lucha popular; si quieren democracia, no pueden continuar jugando a la política como si la democracia ya existiera, o como si fuera imposible derribar a la dictadura. Si quieren paz y justicia, tienen que comprometerse a erradicar la barbarie. Porque lo de Nicaragua es barbarie, es un estado de cosas brutal, digna de un campo de concentración nazi; es una violencia declarada en contra de toda la sociedad, de todo lo que la sociedad considera sagrado y valioso, desde el derecho a la práctica de la fe religiosa hasta el derecho a la vida misma.


Que quede claro, esto es lo que ilustra el acto de ferocidad diabólica perpetrado hoy en Managua: solo hay dos caminos para el pueblo, ambos muy dolorosos. El primero es luchar por el derrocamiento de la dictadura, abandonando toda ilusión de que se puede pactar, convivir y realizar «elecciones” con el FSLN. El otro es rendirse y aceptar la esclavitud permanente bajo una pandilla de sádicos dispuestos a ejercer el terror con tal de mantener a la sociedad bajo su bota.

En ambos casos habrá dolor y sufrimiento, pero en solo uno de ellos cabe la esperanza: en la lucha para DERROCAR a la dictadura; no para «ganarle por votos» y dejarlos en la IMPUNIDAD, sino para desmantelar el sistema dictatorial. En esa lucha nos podemos y debemos unir todas las personas de buena voluntad. 

Y ya no quedan excusas, porque no hay manera de convencerse o convencer a nadie de que sea posible llegar a un arreglo con el clan Ortega-Murillo y sus cómplices. Si algo confirma el acto terrorista de hoy, es que no hay empate posible con la pandilla criminal dirigida desde El Carmen.  No existe línea que la dictadura no cruce, ni derecho que respete; no hay promesa que cumplan, ni ningún principio que los contenga. No hay, por tanto, razón alguna para esperar que sea posible cerrar un trato con Ortega y Murillo para lograr que se vayan por medio de elecciones: siguen acumulando crímenes, siguen acumulando razones para no dejar el poder, porque para ellos y sus aliados abandonar el poder real sería inexorablemente el inicio de su marcha hacia la cárcel. 

#NiPerdónNiOlvido #DemocraciaParaNicaragua #NoHabráDemocraciaSinJusticia

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